domingo, 20 de agosto de 2017

Yo...lo siento...

¿Por qué deseas un “final feliz”?
¿Sólo porque amas a tus amigos?

¡No necesito a nadie!

Estoy tan solo…
Tengo tanto miedo…
Yo…Yo…

No estoy preparado para este final.
No estoy preparado para que me dejes.
     No estoy preparado para decir adiós a alguien como tú…no otra vez…

lunes, 31 de julio de 2017

SEIS HISTORIAS

Autor desconocido. Ilustración cedido por Ifrabe.

Historia 1ª
El Señor Conejo y el Tendero


Era una bonita mañana de sábado, el mercadillo abría en el centro del pueblo y el Señor Conejo había decidido comprar unas zanahorias. Al llegar al puesto, el Señor Conejo habló con el Tendero.
 -Buenos días Señor Tendero, ¿cómo se encuentra hoy? ¿Qué tal su queridísima esposa?
 -Buenos días Señor Conejo, hoy me encuentro bastante contento, aunque mi esposa está algo decaída, desde que usted dejó de venir a nuestra casa para enseñar sus artes culinarias a mi mujer.
 -Oh, vaya…sí…es posible que esta semana me pase por ahí. He estado ocupado enseñando a cocinar a otras esposas.
 El Señor Conejo pidió las zanahorias de costumbre, se despidieron y el Señor Conejo regresó a su casa para preparar la comida. Preparó su famoso puré de zanahoria. Tres días después encontraron muerto al Señor Conejo, según el informe del médico, la causa de su muerte fue por una intoxicación de pesticidas en sus alimentos.




Historia 2ª
La Hija de las nubes
Claudea era la hija de las nubes, ella se encargaba de manejarlos. Claudea le encantaba mover las nubes, tapar el sol, chocar las nubes para hacer llover y desde lo alto de éstas observar a los humanos.
 Un día se acercó su hermano Tronio, él estaba aburrido y no sabían a qué jugar. Entonces sugirió a su hermana Claudea a que juntara las nubes muy fuertes y entonces él tiraría truenos a los humanos de abajo. Aquella tarde de domingo murieron más de cien personas alcanzadas por rayos.





Historia 3ª
La Torre de Jacob
La pequeña Sandra de seis años se había despertado. Se encontraba de pie en un habitáculo muy estrecho. Las paredes de hormigón la rodeaban y la salida estaba muy arriba, imposible llegar hasta ahí. Sandra comenzó a llorar cuando de unos agujeros empezó a salir cemento que la recubría. La pequeña Sandra golpeó las paredes y a gritar. El cemento subía cada vez más, y antes de que el fatal líquido la cubriera por completo, vio a su hermano pequeño Jacob, sonreír de satisfacción.





Historia 4ª
La Señora Gertrudis
¿Sabéis eso que dicen los padres de: “Nunca aceptes cosas o vayas con desconocidos”? pues es verdad. Pero la Señora Gertrudis no era ninguna desconocida, fue maestra de mi colegio, y es conocida por todos en la ciudad. Aunque la mayoría de adultos, como mis padres, afirman que está loca. Y tenían toda la razón. La Señora Gertrudis ha bajado al sótano, donde yo y otros niños estamos encerrados en jaulas, y ha estado pinchado a Pedro en su estómago con la punta de su cuchillo diciéndole que ya le tenía ganas de coger, que seguro toda esa grasa sabrá muy bien.





Historia 5ª
El crepúsculo de Aurora
Hace mucho tiempo en un lejano reino, vivía una preciosa princesa en su castillo.

Aurora tenía de nombre, pero de personalidad no tenía brillo.

Pobre Aurora, sin conocer otros niños de su edad, 

creció hasta la adolescencia en soledad.

Puesto que a la noche de cumplir los diecisiete, 

se suicidó en su habitación en otoño,

sin que ningún príncipe le alegrara antes el co…





Historia 6ª
Rubella
Rubella es una niña de diez años que nació con una extraña deformación. Todos en la ciudad le tenían asco, y no era para menos ya que su columna vertebral era tan extenso que parecía un terrible ciempiés gigante.
 Los niños se reían de Rubella, los demás padres no querían que sus hijos se les acercara por si se contagiaban.
 Una noche, en una reunión de padres en el colegio de Rubella, los padres de los otros niños estaban enfadados porque la niña estuviera en el mismo colegio que sus hijos. Estando todos de acuerdo con eso, fueron todos a la casa de Rubella como una turba con hoces y antorchas. Quemaron la casa de Rubella con ella dentro. Ella no hizo nada más que sonreír porque ya se daba por finalizada toda aquella pesadilla que la atormentaba.







jueves, 6 de abril de 2017

Expresiones libres

Andaba yo tan distraído por la calle admirando lo que me rodeaba para ver si captaba algo de interés en una fotografía, cuando en un edificio abandonado me percaté de que entre la maleza y mala hierba, había una perrita dando de amamantar a sus cachorros. No perdí a oportunidad de fotografiar ese momento.
 Me quedé un rato observando ese momento de paz. En ese instante un hombre al que no conocía de nada se para a mi lado para ver qué es lo que llamaba mi atención. Cuando lo descubrió, puso cara de asco y dijo en voz alta cómo esos cachorros podían alimentarse de una leche que provenía de un animal, y se marchó alzando el puño al aire gritando ¡Go Vegans!
 Me quedé estupefacto ante tal comportamiento. Cuando giré la cabeza para contemplar de nuevo la escena, otro señor se había parado a mi lado. Escudriñando la zona, advirtió también a los animales. Su rostro se contrajo poniéndose rojo y gritó: “Es que no hay vergüenza en este país, cómo se le ocurre a esa perra dar pecho a todos esos cachorros, ¿así? ¿Delante de todos? Si encuentro al dueño lo denunciaré por escándalo público”

 Y así siguió gritando hasta que lo perdí de vista. Guardé mi cámara en la mochila y decidí dejar ya a esa perrita y sus cachorros, antes de que viniera otro loco a expresar sus pensamientos.

lunes, 16 de enero de 2017

LA LOCA DE LOS GATOS

¡PSSS! ¡PSSS!

Ése es el sonido característico de que la Señora de los gatos ya había llegado. En ese instante, una jauría de gatos salía del solar respondiendo a la llamada. Un coro de “miaus” acompañaban el silbido de la señora y eso provocaba el enfado de los vecinos.
 Muchos la llamaban la “Loca de los gatos”, como ese personaje de dibujos tan famoso. Algunos se han enfadado con ella por alimentar gatos callejeros; decían que lo único que ella hacía, era fomentar el crecimiento poblacional de gatos enfermos. Otros llegaron hasta agredirla, pero nada de esto bastó para que ella siguiera viniendo. El resto de vecinos, como yo, no nos importa que los alimente, si esa señora hace eso, será porque quiere y le gustan los animales, sus razones tendrá.
 Pero lo que no entiendo son estas personas que molestan a esos gatos. Lanzándoles piedras, meterlos en sacos y a saber dónde los llevan, o simplemente tirarles la comida que les da la Señora de los gatos.

 Hoy vuelvo a escuchar la llamada de la señora. Y acto seguido descubro algo que romperá la monotonía; no escucho el coro de “miaus” ni del jaleo que arman por la comida. A cambio, todo el barrio escucha, algunos sin sorpresa, el llanto lastimero de la señora al ver todos sus gatos muertos entre las hierbas del solar.
 La Señora de los gatos no dejaba de gritar que éramos unos asesinos, que habíamos puesto veneno en su comida y dejado sus cuerpos para que ella los viera.

 Después de hora y media de llantos desmedidos, la policía se lleva a la Señora de los gatos. Seguramente ahora muchos podrán dormir tranquilamente sin el jaleo que armaban los gatos. Pero bajo este silencio sepulcral, yo, desde luego que no podré.

lunes, 6 de junio de 2016

Encerrados vivos (33 cl parte 2)

La convocatoria para la rueda de prensa estaba situada en una nave en medio del desierto. La noticia consistía en el traslado de materiales de una nave a otra, demoler la nave grande para reducir el impacto medioambiental.
 Nos reunimos todos, los representantes de la empresa y los máximes representantes del gobierno estaban ya aquí. Los demás medios estaban recogiendo totales de estos trajeados, los fotógrafos se mataban por tener el mejor ángulo. Yo no me había podido tomar mis 33 cl, y mi ira ante tal esperpento iba en aumento. Mi cuerpo comenzaba a temblar, el sudor me recorría el cuerpo junto con picores abrasadores en la espalda. No podía aguantar más la situación, mi ira me domina, me dirijo a la entrada de la nave y cierro la puerta desde fuera. Mis piernas no me sostenían de la emoción. Oigo con alegría distópica cómo dan golpes a la puerta, sus gritos son como cánticos en mis oídos. Pero lo que no saben los muy imbéciles, es que ahí dentro y en medio del desierto, no hay cobertura de móvil.
 Han pasado veinte días desde que los dejé encerrados. Cada día veía cómo se iban consumiendo. Desde una ventana en la que podía ver la nave, observaba sus lamentables y penosos estados.
 Al principio no hacían otra cosa que pedirme que los dejara ir. Luego de un tiempo, vinieron los insultos y las amenazas. Pero cuando el hambre y la desesperanza les hicieron mella se fueron autoconsumiendo hasta llegar a un estado de rendición absoluta.

 Los observo consumirse, los observo perecer. Solo quiero ver el mundo arder.

lunes, 4 de abril de 2016

Ellos

Hasta hace poco este edificio estaba deshabitado. Sus muros grises y sin terminar por la falta de dinero, muestran diariamente al público sus asquerosas entrañas. Todos los días pasaba por delante y veía cómo se iba consumiendo hasta tal punto que parecía que en cualquier momento se fuera a desmoronar.
 Pero sin darme apenas cuenta y en poco tiempo, he sido testigo de que este grandioso edificio en otros tiempos, se ha convertido en el refugio de muchos gatos. Al principio podía ver a uno, dos, tres a lo sumo. Pero ahora es como un santuario gatuno. Gatos de todo tipo, la mayoría mutilados por algún accidente, otros recelosos de presencia humana y los más atrevidos se atreven a maullar de manera inocente a un palmo de la valla.
 Me he estado preguntando cómo de unos pocos gatos se haya convertido en tan poco tiempo en una verdadera comunidad. Y la respuesta se encuentra en “ellos”. Ellos, esas personas anónimas que dejan alimentos y agua cerca de estos animales. Ellos, esas personas normales que se cruzan contigo cada día, pero que no sabes de su implicación desinteresada por intentar cuidar de animales inocentes que se han quedado en la calle.
 Ellos están ahí, en las manifestaciones, en el día a día poniéndoles voces a los animales para que personas que como yo y como tú, seamos capaces de oír.
 No al maltrato animal, no a las peleas entre animales, no al abandono. Ellos están ahí para actuar, dar de comer y de proteger.
 Hasta hace poco este edificio estaba deshabitado. Ahora el ayuntamiento ha decidido tapiarlo con los gatos dentro. Paso por delante del edificio, los trabajadores ya están listos para tapiar. Pero "ellos" ya están ahí, ellos son su voz.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Loca de los huevos


Ilustración: Felipe de la Cruz

Me costaba abrir los ojos, sentí dolor por todo mi cuerpo. Y una voz, cálida, suave, no dejaba de repetirme que era mi fan número uno. Giré mi cabeza como pude, y a mi lado, una señorita con una cara de preocupación seguida de una sonrisa cuando logro verla mejor, me vuelve a decir que es mi fan número uno.
 No logro entender a qué se refiere, así que miro a mi alrededor. No estoy en un hospital, por la decoración me doy cuenta de que posiblemente esté en la casa de esta mujer. La luz entra muy fuerte por las ventanas, el olor dulce del ambiente me recuerda a las galletas que hacía mi tía cuando la visitábamos. Intento incorporarme, error, mis piernas me duelen tanto que creo que voy a desmayar.
  -Por favor, no te muevas.
  -¿Qué me ha pasado?
  -Tuviste un accidente de coche-. Me recuesta y me sube la manta-. Tuviste suerte que yo estuviera cerca, siguiéndote.
 No sé si quise entender bien lo último que dijo, pero en aquel momento mi cabeza daba vueltas mientras pensaba en mi mujer. Ana estaría como loca por saber dónde estaba.

  -Mi nombre es Nhoa, y soy tu fan número uno. Sigo todos y cada uno de tus trabajos.
Su sonrisa se ensanchaba cada vez más, daba la impresión de que si sonreía un poco más se cortaría ella misma la cabeza.
  -Me encantan tus ilustraciones, tus trazos, los colores, y las gracias que haces…son todo un arte.
  -Esto…gracias, no sé que decir…
Nhoa se acercó a mi carpeta, creí que lo había perdido.
  -¿Puedo verlo?, seguro que es lo último que has dibujado-. Puso sobre su pecho la carpeta y claramente se la veía temblar de la emoción.
  -Por supuesto, me has salvado la vida. Es lo menos que puedo hacer.
Saltaba y cantaba de alegría, estaba muy ilusionada y no dejaba de darme las gracias. Se marchó cerrando la puerta dejándome a solas con mi dolor.

  Un ruido me despertó, creo que llevo horas durmiendo porque apenas veo nada en la habitación y afuera la luna me acaricia mi magullado rostro. Mi vista se dirige al punto de origen del ruido, y allí, en el umbral de la puerta veo a Nhoa respirando fuertemente, colérica por algún motivo. Diría que sus ojos se han vuelto rojos de la rabia.
 -¡Túuuu, cerdo asqueroso! ¿Cómo te has atrevido? No puedes dibujar en digital. ¡Tú no deberías dibujar en digital!
 -Nhoa por favor, comprende que ahora todos los ilustradores dibujamos en digital, son otros tiempos. Lo importante es el espíritu.
  -¡NO QUIERO EL ESPÍRITU, QUIERO QUE DIBUJES A MANO!- Mientras gritaba sacudía la cama ocasionándome fuertes dolores en las piernas. El dolor era insoportable, nunca imaginé cuanto dolor puede acumular una persona.
 -¡NO QUIERO QUE CAMBIES TU ESTILO, TÚ TE ESTÁS MATANDO!- Acto seguido cogió la silla y lo alzó por encima de su cabeza con intención de golpearme. Intenté protegerme y asustado solo podía decir que lo sentía. Cerré los ojos cuando vi que ella iba a asestarme el golpe final; oí cómo la silla se rompía en pedazos contra la pared. Nhoa jadeaba y me seguía mirando furiosa.
 -Creí que eras buena persona, pero eres igual de sucio que el resto. Si te habías hecho ilusiones con respecto a mí, olvídate-. Nhoa se dirigió a la puerta, en el umbral me daba la espalda, cuando se giró hacia mí me dijo-: No creas que vendrá alguien a por ti, nadie sabe que estás aquí. No he llamado ni al hospital, ni a tu familia. Y reza para que no me pase nada…porque si yo muero, morirás tú.
 Cerró la puerta tras de sí, y pude respirar aliviado cuando por la ventana vi que se marchaba en su coche adentrándose en la fría oscuridad.

  De alguna manera pude coger el sueño, y solo tuve pesadillas. Pesadillas en las que Nhoa me vestía de mujer, como si yo fuera una muñeca ella hacía conmigo lo que quería. Tomábamos el té juntas, nos montábamos en preciosos ponis de colores. E íbamos de tiendas a por ropa nueva, mientras yo lo observaba todo sin poder controlar mi cuerpo. Gritaba una y otra vez que me dejara, pero ella sonreía más, y más. Parecía estar disfrutando a cada segundo de mi dolor. Y lo único que podía hacer era llorar en mi interior.

  Un sonido agradable me despertó, al principio no sabía qué era, pero al final pude reconocer que estaba escuchando la Sonata Claro de luna de Beethoven. Al abrir completamente los ojos vi a Nhoa a mi lado, tenía un rostro como si se estuviera compadeciéndose de mí.
  -Ahora me doy cuenta de por qué he sido elegida para salvarte. Anoche lo vi claro, me di cuenta de que necesitas más tiempo. Llegarás a aceptar la idea de que te quedarás aquí para siempre… ¿Has oído lo que le solían hacer a los esclavos cuando trataban de escaparse? No te asustes, no los mataban, si los cogían tenían que asegurarse de que pudieran volver a trabajar, pero también de que no volverían a escaparse-. Su voz era cálida, pero bajo esa calidez, yo empezaba a ponerme nervioso, mi estómago me revolvía y en mi corazón sentía una punzada que no me podía quitar. Nhoa me colocó un tablón entre mis pies.
  -Nhoa, por favor, no sé qué piensas hacer…pero te suplico que no lo hagas.
 Ella alzó un enorme martillo y se colocó a un lado de la cama.
  -Tsss, tranquilízate, confía en mí.
  -¡No por favor….!- Nhoa me golpeó el tobillo de mi pierna izquierda, rompiéndome los huesos y haciendo que mi pie se convirtiera en una masa deforme. Aullé de dolor, todo se me hacía interminable.
  -Ya está casi listo, solo uno más-. Nhoa fue a por mi otra pierna y repitió la operación. Volví a gritar mientras me inundaba en mis propias lágrimas.
  -Te quiero tanto….

 Eso fue lo que oí al tiempo que me moría del dolor. Y entre espasmos y a punto de desmayarme le dije-: Lo…Loca de…Loca de los huevos.