jueves, 6 de abril de 2017

Expresiones libres

Andaba yo tan distraído por la calle admirando lo que me rodeaba para ver si captaba algo de interés en una fotografía, cuando en un edificio abandonado me percaté de que entre la maleza y mala hierba, había una perrita dando de amamantar a sus cachorros. No perdí a oportunidad de fotografiar ese momento.
 Me quedé un rato observando ese momento de paz. En ese instante un hombre al que no conocía de nada se para a mi lado para ver qué es lo que llamaba mi atención. Cuando lo descubrió, puso cara de asco y dijo en voz alta cómo esos cachorros podían alimentarse de una leche que provenía de un animal, y se marchó alzando el puño al aire gritando ¡Go Vegans!
 Me quedé estupefacto ante tal comportamiento. Cuando giré la cabeza para contemplar de nuevo la escena, otro señor se había parado a mi lado. Escudriñando la zona, advirtió también a los animales. Su rostro se contrajo poniéndose rojo y gritó: “Es que no hay vergüenza en este país, cómo se le ocurre a esa perra dar pecho a todos esos cachorros, ¿así? ¿Delante de todos? Si encuentro al dueño lo denunciaré por escándalo público”

 Y así siguió gritando hasta que lo perdí de vista. Guardé mi cámara en la mochila y decidí dejar ya a esa perrita y sus cachorros, antes de que viniera otro loco a expresar sus pensamientos.

lunes, 16 de enero de 2017

LA LOCA DE LOS GATOS

¡PSSS! ¡PSSS!

Ése es el sonido característico de que la Señora de los gatos ya había llegado. En ese instante, una jauría de gatos salía del solar respondiendo a la llamada. Un coro de “miaus” acompañaban el silbido de la señora y eso provocaba el enfado de los vecinos.
 Muchos la llamaban la “Loca de los gatos”, como ese personaje de dibujos tan famoso. Algunos se han enfadado con ella por alimentar gatos callejeros; decían que lo único que ella hacía, era fomentar el crecimiento poblacional de gatos enfermos. Otros llegaron hasta agredirla, pero nada de esto bastó para que ella siguiera viniendo. El resto de vecinos, como yo, no nos importa que los alimente, si esa señora hace eso, será porque quiere y le gustan los animales, sus razones tendrá.
 Pero lo que no entiendo son estas personas que molestan a esos gatos. Lanzándoles piedras, meterlos en sacos y a saber dónde los llevan, o simplemente tirarles la comida que les da la Señora de los gatos.

 Hoy vuelvo a escuchar la llamada de la señora. Y acto seguido descubro algo que romperá la monotonía; no escucho el coro de “miaus” ni del jaleo que arman por la comida. A cambio, todo el barrio escucha, algunos sin sorpresa, el llanto lastimero de la señora al ver todos sus gatos muertos entre las hierbas del solar.
 La Señora de los gatos no dejaba de gritar que éramos unos asesinos, que habíamos puesto veneno en su comida y dejado sus cuerpos para que ella los viera.

 Después de hora y media de llantos desmedidos, la policía se lleva a la Señora de los gatos. Seguramente ahora muchos podrán dormir tranquilamente sin el jaleo que armaban los gatos. Pero bajo este silencio sepulcral, yo, desde luego que no podré.