RELATOS DE MADRUGADA

-Terminé de escribir en el móvil lo que tenía pendiente, lo guardé en un sobre y lo dejé visiblemente sobre la mesa. Pensé en todas esas personas a las que conocí a lo largo de mi vida, y de lo felices que estarán todos a partir de ahora, porque seguramente lo hubieran estado sino me hubieran conocido.
Tengo los huesos congelados, miro la silla en el centro de mi habitación, y arriba, la soga que colgué, esperándome, llamándome por mi nombre. Mi padre me observa desde el otro lado de la habitación. La luz de la bombilla es amarillenta y hace que me duela los ojos. Pienso en ella por última vez, saco su foto de mi bolsillo y veo lo hermosa que es.
Me subo a la silla, lentamente me coloco la soga. Salto, un tirón, y después la oscuridad.



-Llego tarde de nuevo. La cena lleva horas fría en la mesa, mi mujer probablemente esté ya en la cama, pero no durmiendo. Ahora estará acostada de lado, pensando cosas horribles de mí mientras intenta contener las lágrimas.
Yo me quedo parado en el pasillo y contemplo una foto en la que nos hicimos hace tiempo en un viaje, ambos sonreímos pensando en la maravillosa vida que llevaríamos juntos.
Subo a mi habitación, y encuentro a mi mujer amordazada y atada en la cama. Le quito la mordaza, y ella entre lloros, me suplica que la deje ir, que supere la muerte de mi mujer, que deje de pensar que ella, por ser su hermana y parecerse físicamente, pueda sustituirla.
Yo le digo que se tranquilice, y mientras cojo mi cuchillo, le cuento una preciosa historia de cómo pillé a mi mujer con otro tío en nuestra propia cama, y de cómo acabaron en pedacitos.



-Todas las madrugadas me podéis encontrar en el sillón, sin poder moverme, gordo, vago, y sin trabajo. No hago más que ver la tele mientras anuncian una vida mejor, una vida positiva envuelta en un lazo de mentiras.
La mujer del horóscopo no para de decir que mi signo es del optimismo, que esta semana encontraré el amor verdadero, y que en mi trabajo me subirán el sueldo.
Entonces veo un anuncio interesante, un cuchillo que lo corta prácticamente todo, desde latas hasta lechugas. Llamo por teléfono para pedir uno de esos cuchillos y ver si con ello me puedo trocear mi enorme tripa y quedarme como un figurín para el próximo verano.



-Papá me ha vuelto a pegar. Lleva así desde que mamá murió. Dice que así me convertiré en un Hombre.
Echo de menos a mi madre, de sus abrazos, de sus besos, y también en cierta medida, echo de menos a cómo era mi padre antes.
No sé cómo voy a explicar estos moratones a la profesora, todas mis excusas de estar peleándome con otros niños, o de caerme al jugar en sitios altos ya no están dando resultado.
Nadie me comprende, siempre estoy solo, pero yo sé que tú me entiendes. Ahí desde donde estás, sentado, mirándome con esos ojitos, piensas que debería darte lástima, pero no. Somos amigos desde hace tiempo, fuiste un regalo de mi mamá para que yo no estuviera solo. Pero ahora debemos separarnos, no te preocupes, yo estaré bien. Te meteré en este recipiente, lo llenaré de agua y te pondré en el congelador, así permanecerás congelado en el tiempo, hasta que vengan tiempos mejores. Adiós mi pequeño amigo y peludo hámster.



-Esta noche vamos a casa de una amiga que organiza una fiesta de disfraces. Yo voy de Super Mario, mi novia va vestida como la Princesa Peach.
Llegamos puntual, pero el jardín ya está lleno de gente con sus más variopintos trajes, veía desde un Son Goku, hasta disfraces de dibujos animados actuales de los que no sigo y no tengo ni idea.
El olor en el ambiente es muy fuerte, al principio se lo achaqué al asadero que estaban haciendo unos chavales disfrazados de superhéroes, pero era un olor aún más penetrante que la de las chuletas. Parecía azufre combinado con carne podrida.
Hace rato que no veo a mi novia, pregunto a unos que van de muñecos de la película SAW, y me dicen que se había metido en la casa con alguien disfrazado de sátiro. No recuerdo haber visto a alguien vestido así. La busco dentro de la casa, pregunto a la gente y algunos me dicen que subió hacia a las habitaciones de arriba con alguien con patas de cabra que olía fatal. La situación me parece surrealista, ¿para qué iría mi novia a los dormitorios de arriba sin decirme nada?, no tenía sentido. Subo las escaleras, miro en las habitaciones, hasta que la encuentro en el dormitorio principal, tirada en el suelo, con el cuello partido, la cara desencajada y con una mirada de terror. De su boca salía una baba amarilla y de su cuerpo emanaba ese olor a azufre. Y en el suelo, unas huellas de macho cabrío que desaparecían en el fuego de la chimenea.


-Estoy en mi lugar de siempre, contemplando el atardecer desde aquí arriba, solo, comiéndome un helado.
Sin previo aviso y por sorpresa, aparece la chica pelirroja que conocí hace unos meses en una sesión fotográfica. También viene con un helado, se sienta a mi vera y permanecemos en silencio mientras el ocaso toca a su fin.

"Estoy tan perdida, ¿podré ver el cielo un día más? Deseando, rezando, no soy más que la sombra de mí misma. Por favor, recuérdame como la que soñó con una vida que nunca tuvo."

Después de decirme eso, se levantó, alzó los brazos y se tiró al vacío. No me quedó otra que terminarme también su helado, antes de ir a por ayuda.



-Llego a casa, odio llegar tan tarde, los pasillos de este edificio siempre están tan oscuros.
Justo cuando intento meter las llaves, veo algo moverse por fondo del pasillo. No lo reconocí inmediatamente, pero era el señor viudo del tercer piso. Le saludo, pero él se encuentra de espaldas a mí, sin reaccionar. Se marcha sin decir nada, silencioso, se funde de manera tétrica con las sombras. Me quedo durante cinco minutos frente a mi puerta, la situación me ha parecido tan surrealista que mi corazón aún sigue latiéndome con fuerza. De repente escucho un grito desgarrador seguido del sonido de algo estrellándose contra el suelo.



-Intento escribir ante el ordenador el relato del día y no puedo hacerlo. No es que tenga ese miedo al papel en blanco, o que me falte inspiración y que las musas se hayan tomado un descanso. La respuesta se encuentra en que ahora me encuentro en estado febril.
No debí quedarme con aquel grupo de chicas fans de mis novelas a tomarnos unas copas, seguro que aquella falsa pelirroja me contagió un "paquete" vírico completo.
Mis ojos arden al igual que mi garganta, me tiemblan los dedos y se escurren entre el teclado, me siento morir por cada palabra que escribo. Empiezo a notar el frío en mis pies, y que poco a poco irá subiendo por mi cuerpo, provocando temblores en mi boca y movimientos involuntarios en mis manos.
-¡AAAACHÍS!
Mi estornudo desproporcionado tal vez haya despertado a mis vecinos de arriba, me sueno con un clínex, y para mi sorpresa veo algo negro en el pañuelo. Lo examino de cerca, sorprendido, descubro que no son mucosidades, sino una palabra. Vuelvo a estornudar de improviso y de mi nariz y de las orejas me salen más palabras. La tos ocasionada por mi malograda garganta también hace que expulse más palabras. No puedo permitirme perder palabras, las necesito para escribir.
No me queda otra que recoger las palabras que se van cayendo por doquier y tragármelas todas. Lo hago a una velocidad tan vertiginosa que me atraganto con ellas, provocando mi asfixia y que mi cabeza caiga ya sin vida, frente al ordenador.




-Mi mujer me ha abandonado. Nunca he sido de los que se pierden en bares a beber alcohol. Pero desde que me dejó, estos establecimientos comen de mi mano. Noche tras noche me emborracho a más no poder.
Una de esas noches le estaba contando mis tragedias a un tipo que no conocía de nada. Aguantó estoico mi aliento enrarecido y me dijo que si quería algo conque sentirme dichoso, yo le contesté que sí, que qué diablos, ya me merecía que me pasara algo bueno. El tipo me dio un billete de 50 €. Me dijo que una vez gastados, éstos volverían a aparecer en mi cartera. El tipo se marchó, y yo acepté alegremente su billete. Al pagar mi ronda con ese billete, descubrí asombrado al salir del bar, que efectivamente seguía teniendo ése billete de 50 €. A las noches siguientes no paré de usar el billete "mágico", pero algo dentro de mí me advertía de algo, sentía un malestar muy grande cada vez que usaba ese billete.
Otra de esas noches en la que estaba totalmente borracho, le conté la historia al barman. Le pagué con el billete y grité: "Que el diablo te lleve, maldito billete de 50 €." El barman me dijo que era un estúpido al desaprovechar una oportunidad así. Cogió el billete de la caja para devolvérmelo, pero ésta había desaparecido. Y en mi cartera jamás volvió a aparecer.




-Después de vagar por estos interminables pasillos oscuros, por fin encuentro una puerta abierta. Antes de que pudiera entrar, se oye en la lejanía una sirena de evacuación, la cual hace que me ardan los ojos y me duela tremendamente la cabeza.
Una vez recuperado, abro la puerta. En el interior veo a mi madre encadenada a un crucifijo. Ella llora lágrimas de sangre, pidiendo perdón por los pecados que cometió contra mi hermana y contra mí. Llora, implora desde niño siempre deseé verla así, pero ahora es lástima lo que siento por ella. Así que me preparo para cumplir su último deseo. Cojo la pistola que me dio el mecánico, apunto a su cabeza, mi madre dice algo que no me había dicho en tiempo. Y cerrando los ojos llenos de lágrimas, disparo una y otra vez, vaciando el cargador en su cabeza. Su sangre me salpica la cara mezclándose con mi pena.
Otra vez suena esa sirena, no puedo aguantar más, me caigo desmayándome, mientras que la última imagen que recuerdo antes de perder la conciencia, es la de mi madre jugando con mi hermana y conmigo.




-Lo vi todo, desde mi ventana lo veo y escucho todo. Pero lo de esa noche ojalá no lo hubiera tenido que ver nunca.
Bajo mi ventana siempre ocurren cosas, las más frecuentes son las historias que protagonizan los borrachos que salen de los bares y discotecas que están a varios metros de donde vivo. Y es justo debajo de mi ventana cuando se ponen a filosofar, gritar o a pelearse.
Pero esa noche fue distinta. Sobre las dos de la madrugada, unos gritos de mujer me habían despertado, por lo visto estaba discutiendo con su marido, que llevaba de la mano a su hijo. Toda esa escena con el niño a esas horas de la madrugada me parecía muy surrealista.
Entonces llegó una tercera persona, sacó una pistola y apuntó al señor que aún tenía sujeto a su hijo, y que éste empezaba a llorar, y le amenazó que le diera la cartera y demás cosas de valor. El niño lloró tan fuerte que el ladrón se puso nervioso, el señor, aprovechó el segundo de distracción, y se abalanzó sobre el ladrón. Entonces se oyó un disparo, ambos se quedaron quietos, y el niño cayó de espaldas con sangre emergiendo de su pecho. La mujer que se había mantenido asustada todo el tiempo, recogió el cuerpo de su hijo, el señor propinó una paliza al ladrón, y cuando este terminó, se acercó a su mujer, que con las manos y cara ensangrentadas, emitió unas locas carcajadas que nunca podré olvidar.




-Hace un par de días encontramos a una niña en las afueras de la ciudad. Estaba completamente empapada y presentaba una fuerte desorientación. Su descripción coincidía con una niña que había desaparecido hace dos meses.
Según la niña, ésta había caído por un extraño agujero que flotaba a pocos centímetros del suelo. Y que fue a parar a un mundo extraño, con animales parlantes, historias retorcidas y de maníacas con ansias de cortar cabezas.
La niña acabó en un manicomio, dibujando sus experiencias en sus paredes, y siendo visitada frecuentemente por un fotógrafo con cierta fascinación retorcida por las niñas.




-Creo que es tarde, me levanto y abro los ojos, la oscuridad es reinante. Así que a tientas me dirijo a la ventana para abrirla, pero al hacerlo sigo en penumbras. Cierro los ojos, y los vuelvo a abrir. Mi corazón empieza a latir con fuerza, y una voz en mi interior me dice que ha llegado el momento que más había temido. Pero acallo esa voz gritando por favor que esto no estuviera sucediendo. Abro los ojos una vez más y no hago que ver oscuridad, y un llanto sale desde lo más profundo de mí, cuando acepto que ya me he quedado ciego.



-En el cuarto oscuro, me encuentro revelando unas fotografías de un encargo importante. En medio del revelado, llega mi novia, sin que me voltee a verla, ella me abraza. Le digo que llega muy temprano, pero ella me abraza más fuerte, y siento cómo me va apretando cada vez más sintiendo ya la asfixia, hasta que suena el teléfono. Mi novia me suelta, y voy corriendo a responder la llamada. Al descolgar, la voz a la otra línea del teléfono resultó ser de mi novia, me llamaba para decir que llegaba tarde a casa. Solté el auricular, mientras ella gritaba que qué pasaba. El miedo se apoderó de mí, ¿quién era la que estaba en el cuarto oscuro? Abro la puerta lentamente, y al fondo de la habitación, entre las luces rojas, veo una figura femenina semidesnuda, sonrío de oreja a oreja al ver que es la hermana de mi novia que ya se está poniendo a tono.



-Algo me despierta en mitad de la noche. Oigo una pelota que rebota en el suelo, cada vez se oye más cerca. De pronto se deja de escuchar ese sonido extraño, durante lo que me se me antoja una eternidad, la puerta de la habitación se abre lentamente. La luz del pasillo hace acto de presencia y también lo hace la figura de un niño. Tira la pelota, y ésta rebota hasta los pies de mi cama. Entonces a la figura del niño se le une la sombra de una chica, apenas le puedo ver el rostro, lo tapa su matojo de pelos. El niño me señala y le cuenta algo al oído de la joven, Es entonces cuando mi corazón se acelera, la muchacha se acerca a mi cama, jadea muy fuerte, como si le costase respirar. Se planta frente a mí, no dice nada, no le puedo ver el rostro. Y de repente la veo, admiro con asco su rostro calavérico, lleno de sangre y tierra. Yo deseo gritar, pero me ahogo en flema y en mi propio miedo. Ella alza los brazos hacia a mí, y grita dejando paso a la oscuridad de donde emergieron.



-Entre potingues y demás pociones, gatos de mirada ociosa y frascos llenos de órganos que se mueven en su interior. Me muevo con cuidado temiendo romper algo de estas cosas en mi camino hacia el centro del salón de mi peculiar anfitriona. Llego a su mesa sin incidencias, la Bruja, que así es como la llaman todos los que vivimos en el pueblo y que conocen muy bien sus artes y métodos oscuros, me pregunta por qué acudo a ella. 
Le explico con detalle mi visita relatándole que me había enamorado de la recién llegada sobrina del alcalde, de cómo ondeaba su cabello rojizo al viento asemejándose al crepitar de las llamas. De sus ojos verdes brillando como dos esmeraldas relucientes. De su grácil figura que dejaba sin aliento.
La Bruja, que esperaba ansiosa que terminara mi perorata, al fin me preguntó qué es lo que yo buscaba de ella. Yo le contesté que por supuesto buscaba algún filtro de amor, una pócima para que la sobrina del alcalde se enamorara perdidamente de mí, que no hacía otra cosa que ignorarme. La Bruja vio dónde radicaba el problema, no existía en el mundo un filtro de amor lo suficientemente fuerte para que una chica se enamore de alguien si lo ignora, y sacó de debajo de la mesa una botella de vino, me dijo que ésa era la única solución, que si yo bebía lo suficiente la llegaría a olvidar
.




-Creo que tengo los ojos rojos. Llevo más de quince horas jugando con la consola junto con los colegas entre cervezas y porros. Ya es hora de que me vaya a casa, pero antes de irme, me piden que friegue la parte de loza que me toca, acepto a regañadientes. Mientras me dirijo con dificultad a la cocina, mis ojos me empiezan a escocer y me froto con las manos aún manchadas de fr...itos. Al llegar a mi destino, observo atónito cómo del fregadero las manchas de los platos y vasos se va formando una bestia horrible de seis cabezas, un especie de dragón. Éste se ríe ante mi horror y grita jocoso en cómo seré su esclavo, y que debería prepararle una cena de huevos con beicon. Me quedo temblando en una esquina, cuando llega uno de mis colegas; me pregunta que qué estoy haciendo. Sorprendido ante su reacción, le digo si no ve tamaña criatura, sin inmutarse, me comenta que la criatura es el Jefe final de la Cuarta Fase del juego Xafón XIII, Dungeon Creeper, y que sólo se puede derrotar con tres disparos de una pistola de Rayos Lacker. Poniendo las manos como si fuera una pistola, mi amigo exclama; "Friiit, friiit, friit". El monstruo se desvanece y antes de que mi compañero se fuera, me dice que me dé prisa en fregar los platos.



-Todo comenzó con el sonido de una trompeta y se desató el caos. El cielo se volvió oscuro, las estrellas cayeron, las estatuas de vírgenes y santos lloraban sangre. Los perros y los gatos cohabitaban juntos. De repente, entre las masas de oscuras nubes, surgió un navío hecho de uñas de los muertos, y desde su interior arrojaban muerte y desesperación. Los alienígenas iniciaron su ataque, en los puntos más estratégicos del planeta. Los muertos salían de sus tumbas para devorar carne humana, y los fantasmas regresaban para visitar a los vivos. Del mar emergió el Kraken que se disponía a arrasarlo todo creando olas gigantes que aprovecharían los surfistas nazis para ametrallar a los incautos que se atreven a bañarse con la bandera roja.
Te llamé por teléfono para que estuvieras conmigo en el fin del mundo. Pero descubrí que mi fin del mundo comenzó cuando tú me dejaste.



-Me duele muchísimo la cabeza. Es un dolor insoportable, va taladrándome hasta llegar al centro mismo de mi cerebro. Siento cansancio, quiero dormir, en ese momento ella me coge fuerte de la mano. A mí me queda poco tiempo, y le digo que escape. Le miro sus ojos llenos de lágrimas, y me hace recordar cuando la conocí.
Todavía éramos unos niños, nos presentaron nuestros padres que eran muy amigos. Ella tenía unas vendas alrededor de su cabeza, según su padre, era porque la habían acabado de operar. Desde entonces nos volvimos inseparables.
Mientras nos encontrábamos jugando bajo el cielo azul, nos hicimos una promesa que nació de los dos. De pronto tu padre vino a buscarte, nos separaron de manera brusca, sin aviso, no nos volvimos a ver.
Hasta hoy, que me dices que no huirás más, que ahora que me había encontrado no volverías a dejarme. El cansancio me puede, el dolor lo voy notando cada vez menos, me sumerjo en la oscuridad. Le doy las gracias y le digo que me siento feliz de haberla conocido. El dolor desaparece por completo y cierro los ojos. Ella grita mi nombre, pero yo, apenas la oigo ya.




-¿Cómo me llegarías a amar,
con mis manos manchadas de sangre?
La culpa y el pesar no dan cabida a sueños venideros.
De realidad frágil, dolor acumulado,
las ansias de un futuro incierto.
Toda esta historia hablará de ti, pesada carga es, el pesar
de promesas incumplidas.
Quiero saborear cada momento junto a ti,
mi alma corrompida halla el final del viaje
y la salvación de tu sueño eterno.
Quiero poder ver nuestro tiempo cambiar, No puedo.
¿Cómo me llegarías a amar,
con mis manos manchadas de tu sangre?




-Al principio no la reconocí. Pero una vez despejado toda duda, corrí hacia el edificio, el lugar donde hace unas semanas se había tirado un vecino de esta comunidad. Y con el corazón en un puño, subo las escaleras lo más rápido que puedo.
La chica que había visto en la entrada era una vecina y amiga mía desde la infancia, siempre habíamos jugado aquí, éramos como hermanos. Y ahora, al verla entrar en este edificio después de lo sucedido aquí, sumado a sus problemas que ha tenido con su novio, me da miedo pensar en lo que puede hacer.
Sin aliento, llego a la azotea, y la veo allí, al borde del precipicio con los brazos en cruz. La llamo por su nombre, con lentitud gira la cabeza mostrando una triste sonrisa. Me acerco poco a poco, pero ella me dice que es inútil. Que lo que hace no está en su voluntad, y que al caer, abandonará esta prisión de carne para reunirse con Él. Acto seguido, se tira al vacío, me quedo inmóvil ante tal escena y solo reacciono cuando oigo su cuerpo estrellarse contra el suelo.




-Como cada noche de sábado me podéis encontrar en este bar tan conocido en el centro de la ciudad. Tomando mis cervezas, oteo el ambiente en busca de alguna chica que realmente merezca la pena. 
Entre el barullo, el olor a porros y la gente gritando como verdaderos posesos, creo divisar a la víctima perfecta. Ella está ubicada en la barra, tímida, encogida, sola. 
Me acerco a donde está, miro con cautela por si la chica tiene novio, o si vino con las amigas. La observo de arriba a abajo, cabello corto de ébano, gafas de vista redondeadas, lleva una blusa roja y encima un jersey negro a rayas blancas, falda roja con estampados de flores y finalmente unos zapatos planos. Parece recién salida de la biblioteca, lo que más me extraña de la joven, es que desde que le eché el ojo, no para de moverse de forma extraña, cambiando de postura cada dos por tres, como si algo la molestara.
Justo en el momento en que me disponía a cortejarla, usando todos mis métodos de seducción, aprendidos por mi Gran Maestro, la joven de la barra comienza a arder de forma espontánea. Mi sorpresa es tal que me quedo inmóvil, hasta que la chica no empezó a gritar de dolor no reaccioné para coger un extintor y rociárselo encima.
Se la llevaron aún viva en ambulancia. Más tarde me enteré por sus amigas que la chica solía aguantarse sus ventosidades cada vez que se le acercaba un chico guapo. Pero que ésta vez aguantó tanto que ardió de forma inesperada.




-Sentado en la biblioteca, recupero un momento de lucidez. En ese instante alzo los brazos y grito su nombre. Todo es en vano, ella yace muerta desde hace décadas. Mi corazón, hinchado por el momento en el que creí que ella aparecería ante estas puertas frías, se encoge por momentos. Como ese despertar amargo con el sol bañándote el rostro, al saber que lo que creías real y cierto, no era más que una ilusión, un sueño, y entonces es cuando poco a poco vas muriendo.
Vuelvo a sentarme, y junto al crepitar del fuego, veo tu rostro, veo esa sonrisa que durante años me hacía feliz. Me encuentro cansado, tomo otro trago de este asqueroso vino que es incapaz de saciar la sed de los abatidos. Noto que va llegando el Sueño de los Muertos, sentado aquí, en la biblioteca, donde pasabas horas y horas leyendo uno tras otro, estos incontables libros que pueblan estas paredes. Soñabas, volabas y amabas. Y mientras tanto, yo veía cómo te consumías, te alejabas, te morías en mis brazos mientras lloraba como un niño.
Ahora estás aquí, has venido a buscarme para sumirme en las tinieblas y oscuridad eternas. Alzo los brazos hacia a ti, regocijándome en mi propia muerte porque eres tú, y no La Dama la que me ha venido a buscar. Dejo este mundo para estar contigo, dejo esta vida para vivir mi muerte en el sueño eterno, junto a ti.



-Pascual era conocido en todo el pueblo porque era el único que no iba a la iglesia los domingos. No mantenía trato con nadie, ni se le conocía familia alguna. Una noche, se encontraba Pascual en la taberna, nunca lo habían visto tan borracho como aquella noche, el cura estaba hablando con él sobre por qué no venía a la iglesia como todos. Él respondió que no creía en Dios ni en nada que no pudiera ver con sus propios ojos. Ante tal escena, tuvo que marcharse, se subió a su carro, y se dirigió a su casa.
De camino, Pascual recogió a un tipo que iba vagando bajo la lluvia por la senda. Normalmente no lo solía hacer, pero en su estado, ¿quién podría decirle qué o no hacer? El tipo iba completamente tapado debido a la lluvia, pero aún así, el desconocido olía de manera muy extraña. Entonces, Pascual se dio cuenta de algo que le hizo estremecerse, vio los pies de su acompañante, no eran unas piernas normales, sino eran las patas de una cabra, poseía unas pezuñas afiladas y un pelaje negro como el azabache. Ante tal horror, Pascual saltó de su carro, y entre la lluvia corrió lo más que pudo al pueblo.
Ni una vez se giró para ver si lo perseguía aquella criatura salida de los infiernos. Llegó a la iglesia, de un portazo se metió dentro, y al girarse para cerrar la puerta, observó que la criatura estaba ahí, en el umbral, éste lo miraba fijamente, erguido con sus dos cuernos y ese olor pestilente que era azufre. Y con la voz más terrorífica que Pascual haya escuchado en vida, aquel ser le dijo: "Si no estuvieras ahí donde estás, ahora serías mío".




-Me encontraba en el coche esperando a mi mujer que viniera de la compra. Por el retrovisor veo a una señorita con un carro lleno de frascos de perfumes, al llegar donde me encuentro, me pregunta si estoy interesado en comprarle alguno. Me pareció buena idea pillarle un frasco para mi mujer, además, ya estaba harto de ese perfume suyo que olía como a ballena. Le pedí a la señorita que me acercara un frasco, y en cuanto olí aquella fragancia, perdí el conocimiento. Cuando volví en sí, un policía me estaba atendiendo y mi mujer lloraba desconsoladamente con su compañero. Al quedarme inconsciente, aquella mujer, y probablemente algún compinche suyo, aprovecharon para robarme la cartera y el coche.



-Y en lo más profundo del Universo, entre cientos de estrellas. De planetas, galaxias y constelaciones. Oí que me llamabas, abro los ojos ante la inmensidad, miles de colores, luces y sonidos me van atravesando. Cruzas el desierto, y hundes tus dedos en la arena. El viaje es largo y el ciclo es infinito, susurras que no hay tiempo, en tu espera cantas nuestra canción, y las rosas que te di auguran mi llegada. Todo está en movimiento, la luz cae dejando paso a la oscuridad. Te sientas a esperarme mientras dejas que la lluvia moje tu rostro. Voy llegando, caigo y caigo sin remedio junto con la lluvia. Hasta que por fin llego a tu lado, donde nunca me tenía que haber marchado.



-La noche era silenciosa. Fría, perfecto para cometer un delito, un robo. A través de la oscuridad dos figuras encapuchadas se adentran en terreno ajeno, a sabiendas que entran en una casa en la que vive una sola persona, una mujer. Desde hace tiempo esa mujer vive en la más completa oscuridad, ciega para el mundo. Ambos ladrones entran a por las posesiones más valiosas, atan a una silla a su víctima, y en plena faena se hace la oscuridad, y a pesar de la ceguera, ella nota en su piel la falta de luz y comienza a temblar. Los amigos de lo ajeno se aterran como niños, empiezan a ponerse nerviosos. Unos pasos se hacen eco desde arriba, una puerta chirria hasta que se cierra, y de repente, desde el desván de la casa se oye a todo volumen la canción "Aleluya" cantada por Leonard Cohen. Pero el verdadero terror se manifiesta cuando los dos individuos miran a la mujer que está completamente muerta de terror, y ésta susurra: "La Oscuridad...siempre vuelve a casa."



-En la inmensidad del océano ve partir a su padre en una pequeña barca. Habían llegado a ese pequeño muelle en bicicleta, él se bajó y se despidió abrazando por última vez a su hija. En cuanto desapareció en el horizonte, la pequeña niña tomó su bici y regresó a casa.
Día tras día la niña volvía al pequeño muelle, observaba el mar en busca de su padre hasta que se ponía el sol. Lloviese, nevase o hiciera viento, ella no faltaba a la cita.
Los años fueron pasando, dejó de ser una niña para ser una toda una mujer, con marido, hijos, y una vida plena. Pero aún así no olvidó nunca a su padre, incluso ahora, convertida en abuela sigue pensando que podría volver.
Un día decidió volver al muelle, debido a su avanzada edad, a penas pudo llegar a su destino. Una vez allí, contempló que el mar se había secado, sólo había tierra. Con paso firme decidió ir en busca de su padre, a mitad de camino encontró los restos de su barca. Abatida, decidió descansar sobre los restos. Minutos después, oyó una voz familiar que la llamaba. Se despertó y corrió hacia la voz, a medida que avanzaba la dulce anciana volvía a ser la una niña pequeña, y al final del camino estaba él, su padre, esperándola con los brazos abiertos. Juntos una vez más en la eternidad.




-Desde que la conocí no he parado de escribir. La conocí una noche, entre copas y amigos. Al principio no decía nada, me pareció tímida y reservada, yo también lo soy, sobre todo con las personas que no conozco, pero con amigos de mis amigos suelo hacer excepciones.
Para que no se sintiera fuera del grupo, decido empezar a hablar con ella, le hablo de mí, de mi profesión, y cuando le hablé de que una de mis aficiones era escribir, es cuando mostró verdadero interés.
Entonces fue cuando sucedió lo más extraño de la noche, le mostré unas notas para un relato escrito en una servilleta, cuando de repente me lo quitó de las manos y se lo comió. Más estupefacto me quedé cuando me dijo que sólo se alimentaba de escritos, de cuentos, e historias.
Desde que esa noche probó mi manuscrito y decirme que era uno de los mejores que había degustado, no he parado de escribir historias para ella. Y sus historias favoritas de las que son un manjar exquisito, son las que titulo: RELATOS DE MADRUGADA.



- ¿Cómo haces para despedirte de la persona a quien amas? Cuando las circunstancias hacen que debas marcharte, irte lejos con la incertidumbre de si vas a volver o no, o de si te seguirán esperando.
Aprovechas cada segundo, cada aliento, con esa persona que te importa y te llena, deseando que no existiera un mañana, que no existiera un futuro en el que os separáis y que sigáis juntos afrontando las dificultades. Notas que el tiempo pasa despacio, los silencios son eternos. Las nostalgias son más intensas. No hace falta hablar, los gestos, las miradas, todo ya queda dicho. Las palabras ya no tienen cabida en un ocaso compartido y los secretos quedan guardados bajo las estrellas.
¿Cómo haces para despedirte de la persona a quien amas? Cuando llegan los últimos momentos, ese último trayecto juntos antes de la bifurcación de vuestras vidas, sólo tienes recuerdos de momentos, felices, tristes y también de enfados, pero recuerdos de cómo con el tiempo llegaste a apreciarla, a quererla. Solamente miras hacia delante, mirar hacia atrás se hace duro, pero no puedes evitar parar un momento. Miras al frente, hacia un futuro desconocido, o hacia atrás, y sin darte cuenta ya estás abrazando a tu ser querido en un mar de llantos y gritos. Ese último abrazo en el que deseas con todo tu corazón, que ese instante, dure para siempre.



- Marta se acostó muy tarde. En cuanto empieza una serie, no puede parar hasta verlas todas hasta el final. Una vez acostada, Marta no tardó en coger el sueño, pero al cabo de un rato unos ruidos la despertaron interrumpiendo su descanso. Los ruidos provenían del armario que tenía en la cabecera de su cama. Por la luz que entraba desde la calle, Marta pudo ver que las puertas correderas de su armario estaban abiertas, las cerró y a continuación volvió a la cama. Antes de que Morfeo, la viniera a buscar, volvió a escuchar esos ruidos extraños del armario. Marta se movió lentamente y vio por ella misma cómo las puertas del armario se abrían de par en par, revelando unos ojos brillantes que la observaban con recelo. La criatura saltó hacia la cama haciendo que Marta se sobresaltara del susto. El ser proveniente del armario se acercó a la chica, y abriendo sus fauces, maulló descontento exigiendo la cena que Marta no le pudo preparar por estar enganchada a las series.



- Delante de la máquina de escribir, se queda dubitativo sobre qué contar. Ya es tarde, hora de que escriba algo y haga que sus escritos por lo menos lo lean ésas personas que no pueden dormir, o que ya estén despiertos por algún trabajo nocturno. Se siente responsable de que tiene que escribir algo que les emocione, les llegue o que por lo menos les haga reír. Pero esta es una de esas noches en que no pasa nada por su mente, la musa decidió visitar a otros porque él cerró con llave las puertas de su casa. Así que decide no escribir nada, si todas esas personas esperan un relato a altas horas de la madrugada, esta noche no se les complacerá.
La máquina se ha quedado sin cinta de tinta, y es difícil encontrar uno de esos hoy en día. Por dentro se siente muerto por no contar nada. Pero todos tenemos un límite, por un lado los que cuentan demasiado, y por otro, los que se cansan de oír todo lo que se les cuenta.
El escritor decide dejarlo por hoy, tomarse un café y ver las teletiendas antes de ir a acostarse.




-Miro las fotos, en ninguna salgo yo, es lógico, soy quien las ha hecho. Observo cómo sonríen todos y cada uno de ellos. Y del grupo sólo una logra captar mi atención, una pelirroja que me sonríe, no a la cámara, sólo a mí.
Ven, ven, no me dejes morir así, no permaneceré en el recuerdo. Ven, ven, amado mío, dame muerte una vez más. Ven, ven…el Séptimo advenimiento. A quien la Muerte invita. Nacimiento doloroso y corrompido. No permaneceré en el recuerdo.
Mis manos rojas, como su cabello, siento su sangre en mis labios. No me desespero, su cuerpo inerte a la luz del sol la hace una Diosa. Me recuesto a su vera, bañándome en su sangre salpicada por todas partes. Miro las fotos, no permaneceré en el recuerdo.




-Carolina vivía sola en su piso. Su hermano había sido padre hace un par de meses, y ella todavía no había visto aún a su sobrina. Pedro le había estado mandando fotos hechas con el móvil. Tres días antes de que Pedro y su familia visitaran a Carolina para que viera a la pequeña, éste le envió un audio para que Carolina escuchara los sonidos de la pequeña, habían dejado la grabadora puesta y durante unos quince minutos lo habían dejado grabar.

Carolina escuchaba con gracia los sonidos que emitía su sobrina, pero entonces hubo algo que la dejó helada; una voz de mujer que no reconocía hacía acto de presencia: "Shhh, shhh, mi pequeña...pronto te llevaré conmigo hija mía..."
Dos días después de que Carolina recibiera ese mensaje de audio, la hija de Pedro había sido encontrada muerta asfixiada en su propia cuna.




-No llego a entender a esas personas que necesitan constantemente que les abracen. Que les digan "te quiero", o, "te necesito". Desde niño he crecido solo, sin el calor de un padre, con la ausencia de una madre que no pudo ejercer como tal. ¿Es posible que sea yo quien padezca de un desorden emocional y es por eso que no pueda entender tales sentimientos?
Si te abres a la gente, y les entregas tu ser y tus sentimientos, llegará un momento en que ellos ya no estarán ahí. Y eso lo hace aún más doloroso, y la pena llegará a consumirte en recuerdos que harán que todo sea más agónico si cabe. Las palabras son ilusiones temporales, y no deberíamos dejar que unas ilusiones nos lleguen a afectar tanto.
Es por eso que no llego a entender a esas personas que necesitan de abrazos espontáneos o de palabras como "te quiero".




-Llego a casa cansado, después de un largo día, me recuesto en el sillón y me quedo mirando al vacío. Reflexionando sobre todo, el por qué de mi vida, todo el drama junto y una sarna entera de mala suerte.
Pienso que debería marcharme de este mundo, total, nadie me echaría de menos. Un bulto que no molestará más en esta sociedad.
 

Decaído y a punto de derrumbarme, escucho como alguien detrás de mí grita: “¡CORTEN! Buena toma, descanso de cinco minutos” Me levanto del sillón sorprendido al ver una multitud detrás de mí, con cámaras de televisión, y un set de estudio en medio de lo que es mi salón.
No comprendo lo que pasa, la gente se va cruzando muy deprisa, y un tipo con un megáfono me dice que me lea el guión y que si puedo actuar más triste aún. Cojo el guión y veo que es mi vida entera escrita. No lo pienso más, cojo un bolígrafo y me dispongo a reescribir el guión para intentar ser una persona feliz y dejar de tener una vida asquerosa y vacía.




-Me levanto como siempre, un minuto antes de que suene el despertador. Mirando al techo, mientras suena la alarma, me pregunto cómo puedo soportar tal monotonía. Me ducho, desayuno, me termino de vestir. Cojo las llaves y me miro en el espejo antes de salir; abro la puerta, y al salir me paro ante el umbral. Durante cinco minutos miro al vacío, porque me he quedado en blanco. No recuerdo a dónde tenía que ir, ni mi nombre, ni quién soy. Vuelvo a meterme en casa y me siento en el sofá. Dentro de media hora llamaré a alguien que me pueda ayudar.



-Hacía tiempo que no pasaba por este paseo, desde que pasó aquel accidente con aquel mimo. Sorprendentemente veo que el mimo sigue ahí con su arco y sus flechas, entusiasmado corro hacia donde está, el tipo me reconoce, y yo le enseño una moneda y mi cámara preparada y encendida.
Le echo una moneda, y el mimo hace como que tira la flecha, y como la última vez se le vuelve a escapar, esta vez insertando la flecha de manera milagrosa a la misma anciana de la anterior ocasión. Yo no me lo puedo creer y le echo otra moneda para que lo repita, porque en esta vez se me agotó la batería.



-Un lugar lejos de aquí, me ves dormir profundamente, todos mis miedos no significan nada. Un lugar lejos de aquí, donde las mentiras y los temores no perduran.
 
No quiero que esto pase tan deprisa, quiero saborear cada momento junto a ti, buscando que el tiempo se pare para los dos; sasneip euq ol ed otcefa sám otisecen.

  Ángeles al vuelo, me enseñaste cómo ver que no todo es lo que aparenta ser. Qué será de mí, ya que nada permanece porque todo acaba rompiéndose. 

  Abrázame, sin que te importe el mañana o lo que piensen los demás; sasneip euq ol ed otcefa sám otisecen.
Amor que dormía, tu oscuro recuerdo, desde aquí toda esta historia hablará de ti, promesa que nació.
No debemos temer a lo que pueda llegar. Abrazados bajo un cielo tan hermoso como el mar; sasneip euq ol ed otcefa sám otisecen.




-Hablando con el resto de amigos en el patio sobre cosas sin sentido, después que dos chicos me dieran una pequeña paliza y una chica me dijera que me apartase para que ella pudiera estirar sus piernas, uno de mis amigos trata de meter su cigarro en mi vaso pensando que era un cenicero. Al mismo tiempo en la esquina del patio, un tipo con una camisa roja echa una pequeña pota. Oímos y vemos discretamente, cómo el tipo se esfuerza para vomitar, y de su boca solo sale un pequeño hilillo de babas y restos diminutos de lo que habría comido antes. Se recupera, y como si nada, retoma la conversación con su amigo, que también resultó salpicado por la pota de su amigo.



 -Estoy rodeado, no sé cómo me he despistado pero ahora no puedo escapar. Desde donde estoy los observo, y parece que no se han percatado de mi presencia, están ahí despistados y ajenos a todo. Todos parecen caminar sin rumbo, sin fijarse a dónde van, con las cabezas gachas. Lo que me sorprende es que no chocan entre ellos, a pesar de que caminan de forma torpe y aleatoria, se esquivan entre ellos. Los miro con miedo, aterrorizado por no ser como ellos, personas sin cerebro que andan mirando sus móviles chateando y enviándose mensajes.



-Desde hace tiempo que Sara no puede dormir bien por las noches. Sara tiene siete años, y desde hace tres, recibe la visita de alguien inusual.

De forma diaria por las noches, recibe visitas de un fantasma. Veinte minutos después de acostarse, en la silla al lado de la cama se sienta el fantasma para observarla. El fantasma se queda inmóvil escudriñando la figura de Sara. 
 En ocasiones los padres de Sara entran en su habitación para darle el beso de buenas noches, y el fantasma desaparecía escondiéndose debajo de la cama, para volver a la silla cuando los padres se marchaban.

El fantasma siguió visitando a Sara, durante mucho tiempo hasta que una noche simplemente desapareció, que coincidió con la detención de un vecino por extrañas circunstancias.




- Me sangra mucho la boca. El grupo de chicos que me acaba de dar una paliza se marchan entre risas y victorias. Me han dado tan fuerte que apenas puedo moverme, me tiendo boca arriba en este callejón de mala muerte entre pis y basura.

  Miro al cielo, y puedo ver las estrellas, sin motivo alguno una nostalgia muy fuerte se apodera de mí y comienzo a llorar, acto que también hace que me duela mucho.


  Me dejo llevar, noto que la oscuridad se apodera de mí para llevarme lejos de aquí, y poder marcharme en paz. Cuando noto el suave abrazo de la muerte rodeándome, una luz muy fuerte hace acto de presencia, obligándome a cerrar más aún mis hinchados ojos.



  -Oh, pobrecito, estás muy mal y sangras mucho. Dime lo que más deseas, ¿que use mi magia? O ¿una ambulancia?

   Intento incorporarme y veo la figura de la cual sale esa voz angelical. Es una mujer vestida de hada blanca, rodeada de una luz blanca que me ciega.


  -Un…una…amb…una ambulancia…
  
   El hada blanca se enfada sobremanera, me coge de las solapas y me grita:
 
  - ¡¡¡Cómo te atreves!!! ¡¡¡Eres un maleducado!!!







- La noche es fría, llevo capas de ropa y aún así noto cómo el frío me llega a los huesos. Llevo caminando varias horas, observando cómo todos los hogares están decorados e iluminados con la fantasía navideña, todas las casas parecen calientes y acogedoras, con familias que permanecen juntos, compartiendo risas y felicidad.

 Antes de llegar a mi “casa”, veo a través del cristal de un restaurante a mi mujer con mi hija. Empieza a llover, no me importa mojarme, hacía tiempo que no veía a mi hija. Ha crecido mucho, creo que ya no podría levantarla como lo hacía antes, y su madre, aún sigue hermosa como cuando la conocí. Mis lágrimas brotan al sentir una nostalgia profunda.


 Me marcho al saber que no me han visto, llego a mi “casa”, una construcción de cartones y maderas en un callejón lleno de ratas y de meados. Y entre la oscuridad y la lluvia, me refugio en los recuerdos de mi familia y las luces parpadeantes del árbol de navidad.




- Mi amiga me ofreció un trabajo para fotografiar el cumpleaños del hijo de su compañera de trabajo.
 
  El niño en cuestión cumplía seis años, y lo celebró en un parque infantil de una hamburguesería. Aquello era una caos, niños corriendo, tirándose cosas, tocándome la lente con sus manos sucias. Fotografiar críos nunca se me ha dado bien y esa tarde lo estaba pasando realmente mal.

 Después de dos horas de fotos, y de unas cuantas madres a las que les he dado mi número de teléfono, para fotografiar los cumpleaños o las primeras comuniones de sus hijos, una madre se me acerca con un carrito de bebé. Me saluda dándome su nombre; Ángela, y me preguntó si yo podría hacerle una foto con su pequeña hija Alba. Le digo que sí y que coja en brazos a la niña. Me quedo de piedra cuando del carro saca un bebé de juguete, pienso que se trata de una broma, pero al ver el semblante serio de Ángela y de cómo acurrucaba al muñeco y le decía que sonriera, me estaba dejando claro que la pobre era una chiflada.




- Llegué a trompicones a casa de mi amiga. Estaba ansiosa de saber si tenía un crío desarrollándose en su interior. Le doy el test de embarazo, y se mete en el baño, su marido y yo nos quedamos en el salón esperando el resultado.

 Al salir del baño muestra un rostro de inmensa alegría, va corriendo a abrazar a su marido y grita que el test dio positivo, indicando que sí estaba embarazada. La alegría fue tal que sin darme cuenta nos encontrábamos en un prado soleado, un arco iris hermoso cruzaba el cielo, un unicornio bebía agua y un montón de gnomos bailaban a nuestro alrededor.

 Recojo el test y miro detenidamente el resultado, entonces me doy cuenta de que no es un test de embarazo, sino un alcoholímetro.




- Entró en la consulta hecho una furia. Sus ojos despedían chispas, su cara era tan roja como las paredes las que estaban pintadas en la consulta del adivino. Era un hombre de mediana edad, vestía con traje y chaqueta, pero a pesar de la distinción, su rostro no había nada de cordialidad.


 El adivino estaba con su bola intentando vislumbrar algo, pero jamás habría visto lo que le estaba a punto de llegar y lo que le iba a pasar. El tipo enfadado se plantó delante del vidente y arrojó con furia la bola que intervenía entre ambos.


 -¡Me dijiste que la próxima vez que mi mujer diera a luz, iba a nacer un niño. Y me ha salido otra niña, con ésta ya son cuatro y así no hay manera de que ninguna herede mis posesiones!


 -¡Pero a mí qué me dices! ¡Yo interpreto lo que me dicen las cartas! Yo dije que iba a ser un chico porque en las cartas me salía un demonio.




- Estamos los cinco alrededor de la mesa. Cuando mi mujer se marcha es el único tiempo que tengo para estar con los colegas, y es que ella los detesta, siempre me echa la bronca; “que si tus amigos esto…que si tus amigos lo otro…” Así que cuando mi mujer se marcha, aprovechamos para jugar a las cartas en mi casa.
 Mi mujer llega antes de lo pensado, nos pilla a todos jugando a las cartas en la mesa de la cocina. Me estaba preparando para el sermón habitual, pero ella se queda en el umbral, con rostro cansado, derrotada, y con voz triste me dice que me tome las pastillas, que ya iba siendo hora. Una vez tomada las pastillas mis amigos se desvanecen, siendo todos ellos, producto de mi imaginación.  





- Llego a casa muy cansada. Hoy hubo muchísima gente a la que tenía que atender y ahora lo que necesito es quitarme los zapatos y sentarme.

 
Enciendo la tele y mientras tenía los ojos entrecerrados por el cansancio, me parece ver una foto mía enorme en la televisión. Abro los ojos de par en par y subo el volumen, para escuchar por qué sale mi cara en los informativos de la noche.
  La voz en off que da la noticia dice que he muerto de sobredosis, no dejan de emitir imágenes de mis padres llorando del disgusto  y mi foto en una esquina de la pantalla. Apago el televisor y me dirijo a la cama a dormir. Mañana ya me preocuparé de resucitar.




- Lo veía en el trabajo. Luis, era un chico trabajador, serio, amigo de sus amigos. Una buena persona. Pero de ningún modo lo eran todas aquellas buitres que no paraban de acosarle. En la oficina, todas las secretarias iban a por él, no dejaban de soltarle marranadas, de tocarle el culo, y lo que era peor, montárselo con él en los lavabos. Luis se sentía muy abatido por ello, y como un trozo de carne con ojos. Él sólo quería que lo respetasen y que vieran sus aptitudes por su esfuerzo y no por lo “otro” . Por eso por las noches, en aquel bar tan conocido ubicado en el centro de la ciudad, siempre se le puede ver tocando el piano, tocando el blues, “La vida no es lo que me esperaba”.



- Es un color tan bonito. El calor, el humo, la forma en que se mueve, tan sensual, tan excitante. El fuego me encanta. Cuando estoy sola, enciendo el mechero, y veo la llama bailar, tan pequeñita, tan frágil. Y entonces como si me hablase y quisiera crecer, la llama me pide que la pose en un escenario, y comienza a danzar, baila, salta y se dilata. Me ofrece una bella obra de luz y de color, me siento arropada, feliz y excitada. Todo a mi alrededor es fuego y calor, el humo va entrando en mis pulmones. El fuego tiene un color tan bonito, que me fundo con el hasta que mi cuerpo vuelve a ser las cenizas que eran originalmente.



-Le miraba de manera sensual y provocativa, ella no sabía cómo reaccionar, únicamente le miraba de manera sexy y le enseñaba un poco el hombro.
Entre una cosa y otra y sin saber cómo, ambos acabaron en la casa de ella. Hicieron lo que tenían que hacer, lo propio de una pareja que acaban juntos en la cama.
Ella se quedó dormida, toda la mañana y toda la tarde, de manera que no pudo ir a trabajar. Por la noche ella tenía una cita formal con otro chico, y éste que tenía las llaves, entró en su casa. Los vio a los dos dormidos, entonces decidió quitarse la ropa y dormir con ellos.



- No puedo evitarlo, me encanta venir aquí. Cuando puedo, no todos los días, pero cuando puedo siempre vengo al aeropuerto, y me quedo sentado como si estuviera esperando a alguien. Pero no espero a nadie. Simplemente veo cómo la gente se reúne, se reencuentran tras tanto tiempo sin verse. Abrazos largos, besos profundos, y una inmensa alegría.


  Ese momento en el que bajan del avión, ese instante es de alivio puro y de una explosión de sentimientos  que bullen cuando los seres queridos se encuentran.

 Veo a esa pelirroja abrazar a su novio, pero lo que él no sabe es que ella le puso los cuernos, dos veces. Presencio como esa niña de diez años besa a su padre, pero lo que él tampoco sabe, es que la niña no quiere estar con él porque cuando se emborracha siempre la hace daño, mucho daño.
-...Y al abrir los ojos porque estaba muy cansada y se había quedado dormida en el sofá, mientras su novio roncaba en la habitación de al lado junto con dos gatos. Ella vio que en su último mensaje había algo extraño escrito: KNOCK, KNOCK..

Se frotó los ojos y cuando se acercó a la pantalla, dos golpes muy fuertes sonaron en la puerta principal...

Ella se sobresaltó por el s...usto, agudizó el oído, y pudo oír levemente una respiración entrecortada a través de la puerta. Ella se iba acercando a la puerta, y con voz temblorosa preguntó: "¿Quién es?"

La respiración se hizo más fuerte al otro lado, y de nuevo golpearon con fuerza la puerta, la joven, chilló de miedo y se acurrucó en la puerta de la cocina...

Un nuevo mensaje había llegado a su ordenador, ella corrió a ver qué había escrito. Y lo que vio era lo más terrorífico que había visto nunca.

"YA...ESTOY...DENTRO"...


 -La atan a una silla, ella se resiste, muerde y babea. No para de forcejear, y de llorar como una cría. Nos cuesta una barbaridad ponerle las correas. El cura reza por el alma de esta señora, los asistentes permanecen impasibles desde el otro lado del cristal, incluso su hijo, que me da la sensación de que si estuviera el solo ahí sentado, lo haría mientras come palomitas con los pies en alto.
Como todos los condenados a muerte, ella grita por su inocencia, que ella no mató a su marido y a su hija de siete años. El médico saca la jeringuilla, y la va aproximando poco a poco a su brazo derecho. Mientras la inyección va haciendo efecto, la condenada entre lágrimas gime que el que está loco es su hijo.




- El amor de mi vida lo encontré caminando por la calle mientras de dirigía al supermercado. Me faltaban algunas cosas en casa como detergente, artículos de limpieza, algo de chorizo y cerveza.


 Entonces y como si nada, una rubia despampanante apareció de una esquina, ambos nos quedamos mirando como dos bobos. Acto seguido vino el flechazo, a ella le atravesó el corazón y su sangre me salpicó la cara, yo también recibí un flechazo en pleno pecho, no dejábamos de sangrar. De repente aparecieron varios querubines disparándonos más flechas mientras nos gritaban e insultaban.


 La rubia y yo salimos corriendo, pero a ella le alcanzó una flecha en la rodilla, la tuve que coger en peso mientras los angelitos nos gritaban que éramos unos cerdos obscenos. Yo no daba crédito a lo que estaba pasando, hasta que uno de ellos me atravesó la cabeza y perdí el conocimiento.



-Para mí, siempre fue mi niña pequeña. Estuvimos siempre unidas. Lo malo de querer a alguien, es que después de morir, aún sigues queriéndole. Hay una parte de esa persona que todavía permanece en tu corazón, y eso duele muchísimo.
 A veces la veía maquillándose y tapándose cada moretón. Decía que cada golpe era por amor. Cada cigarro quemado en su cuerpo una prueba de afecto. Donde yo veía una mirada asesina, tú veías amor. Le querías tanto que no podías ver más allá. 
 El bizcocho está terminado, antes lo hacíamos juntas. Ojalá este último lo hubiéramos hecho las dos. Mis lágrimas caen en el bizcocho añadiendo un sabor amargo, que nunca había experimentado.


-Mi hija y yo íbamos de compras por el centro comercial. A mitad de jornada mi hija ve un payaso en mitad del centro, el individuo iba con una pelota gigante y un perrito iba subido en el. La niña me lleva de la mano muy ilusionada de poder al payaso. Observo su obra, y encuentro extraño la actuación de este, y cuando pasa cerca de nosotras, es cuando le huelo. El payaso desprende olor a alcohol.
 Sin apenas darme tiempo a reaccionar, coge a mi hija y la lleva al centro, como si fuera hacer un truco de magia. Entonces hace algo que me hierve la sangre y me obliga a darle un par de bolsazos; se sitúa detrás de ella y se pone a oler su pelo.



-Por las noches me doy cuenta de que aparecen unos ojos que me observan. Todas las noches en las que entro en mi habitación para cambiarme y dormir, de la pared brotan unos agujeros y aparecen los ojos. Acto seguido oigo unos ruidos acompasados y gemidos fantasmales.
 Consulté a mis amigos y conocidos qué es lo que podría pasar en mi casa, porque me encuentro muy asustada, y nadie me ha sabido dar una solución.
 He intentado colocar unos posters encima de los agujeros. Pero algo los atraviesa y vuelven a salir esos ojos tan horrendos. Desde entonces siempre me cambio en el baño y me duermo en el salón, de esta manera ya no he vuelto a ver esos ojos y escuchar esos ruidos tan extraños. 



-Estábamos todos en la oficina, y Oliver se levantó para coger una botella de agua. No había manera de poder terminar estos cálculos si Oliver se levantaba cada dos por tres a por agua. Hace ruido al levantar la silla, hace ruido al caminar, hace ruido cuando bebe agua; estoy harto de que haga tanto ruido.
 Oliver regresa a su asiento, abre la botella, comienza a beber, de pronto escupe el agua gritando que sabe a mierda, tira el recipiente al suelo, la botella explota y el agua restante se transforma en una ola gigante que se lleva a Oliver ventana abajo. 



-No dejé ir a mi mujer. Estuve presente en sus últimos días, su enfermedad la iba consumiendo. Ya no soportaba verla así. Pero no la dejé ir. Cuando murió, pedí a una amiga que la disecase. Ahora está en el salón, y cuando la beso y le toco la mano, acciono un mecanismo para que me diga; “te quiero”.



-Se sentía desdichado. ¿Cómo era posible que se llegara a enamorar de la novia de su mejor amigo? ¿Cómo era posible que se llegara a fijarse siquiera en ella? Entre ellos tenían un acuerdo no escrito en el que las novias de los amigos eran intocables. Pero él la deseaba, pero, ¿y ella? ¿También sentiría lo mismo? Y si así fuera ¿qué se supone que tendía que hacer él? ¿Decirle a su amigo: “Perdona tío, pero me he enamorado de tu chica y ella de mí, lo siento”?
 Esta situación le sobrepasaba, cada vez que quedaban, él no dejaba de mirarla, de querer hablar con ella, y cuando lo hacía, la sentía cerca, la sentía suya. Pero por dentro él se moría, se consumía en una vorágine de sentimientos ambivalentes.
 ¿Por qué tuvo que pasar? Si hubiese estado espabilado aquella noche, ella sería de él, y no de su amigo, que se apresuró a darle el mechero, cuando justamente esa noche se le había olvidado llevar. Por un estúpido mechero, su mejor amigo disfrutaba de la compañía y de la carne de una de las mejores chicas que había conocido nunca.
 Nada de lo que le estaba pasando le parecía justo, y eso lo pensaba mientras se encontraba sentado en el retrete mientras se metía su pistola en la boca, y apretaba el gatillo.



-Mi abuelo se compró un móvil, dijo que quería estar a la moda y así llamar a todo del mundo. Pero cada vez que marcaba un número, el abuelo se quedaba horas frente a su teléfono.
 En la tienda donde lo había comprado le dijeron que si marcaba el número equivocado, el móvil le estallaría en las manos. Por eso siempre se queda con miedo a la hora de marcar. 




-La lluvia cae muy fuerte, me encuentro cansado. Estoy de pie frente a varios caminos posibles para decidir. La lluvia cae incesantemente, bajo mis pies ya se están formando ríos que irán a parar en alguna parte provocando que se inunde algún barrio.

 Sigo mirando qué camino tomar. Sería fácil si supiera a dónde ir y qué es lo que voy a encontrar. ¿Izquierda? ¿Derecha? ¿Al frente, o regreso sobre mis pasos? La decisión nunca es fácil. Cualquier camino que elija doy por seguro que mi presencia afectará en mayor o menor medida con la gente que me encuentre. Si cojo el camino de la derecha es posible que alguien en su balcón pueda dar con la solución contra el cáncer de forma casual, y que mi presencia le perturbe provocando que se le vaya la idea.
Si tomo el camino de la izquierda, es posible que atropellen a alguien, se dé a la fuga, y que yo sea el único en salvar a dicha persona.
 Las decisiones que se toman siempre son difíciles. La lluvia cae menos fuerte, decido ir por este camino cuyos rayos de sol iluminan entre este mar de nubes grises



-¿Cómo sabía yo que ella me quería? Nunca me lo decía. ¿Podía tal vez mostrármelo mediante acciones? ¿Mediante señales que pasaban inadvertidas? ¿Cómo sabía yo que ella me quería, si nunca me decía “Te quiero”?
 Es verdad que no es necesario decirlo para sentir el amor de tu pareja u otro ser querido para sentirse amado. A veces hay cierta saturación en esas dos palabras que terminan sonando forzadas, vacías y carentes de sentido.
Pero si llevas años viviendo, creciendo, y madurando con tu mujer, ¿por qué no puede decirte dos palabras tan sencillas?
 Es cierto también que hay personas que les cuesta manifestar sus sentimientos, que simples palabras sean como escalar la montaña más alta, que un abrazo sea como nadar miles de kilómetros. ¿Pero por qué mi mujer no puede decir que me quiere?
 Hace días que está ahí sentada, mirándome fijamente, con esos ojos almendrados con los que yo me había enamorado. Le había dado de comer, y al terminar, oí de su boca aquello con lo que tanto ansiaba. Sólo cuando le mostré el bote del antídoto para el veneno que le había puesto en su comida, ella me dijo con lágrimas en los ojos; “te quiero.” 



-Sábado noche. Mis colegas y yo estamos listos para hacer una sesión de cine, antes pedimos comida china, y estamos a la espera  que aparezca y podamos empezar con las películas.
 Aparece el repartidor, mi colega abre la puerta y de pronto se empieza a reír. Le pregunto qué pasa, y mi amigo le pide al repartidor que repita lo que acababa de decir.
-Son tleinta eulos.
-Di gorro, y te doy propina.
-“Golo”
Mi amigo no para de reírse y le da el dinero más la propina. Es entonces cuando el repartidor nos dice:
-¿Sabéis que otla palabla es buena? ¡HIJOS DE PUTA!
El repartidor se marcha y mi compañero se queda sin decir ni una palabra.



-Con el tiempo, uno se vuelve más se vuelve más sensible. Creí que nunca me pasaría a mí, que estoy curtido en la insensibilidad. Siempre mando un par de matones rusos para romper piernas a esa gente que me debe dinero. Últimamente los he cambiado por unos matones franceses, que son más elegantes y refinados a la hora de romper piernas, ya que al final te abofetean con un guante perfumado.

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