lunes, 30 de diciembre de 2013

28 de diciembre


Entre copas, picoteos y alegría por el cumpleaños de su mejor amiga, ella también se había emborrachado sobremanera. Bailaba como una posesa, se hacía fotos con rockeras travestis, y no dejaba en paz al fotógrafo para que sólo le hicieran fotos a ella y a su amiga cumpleañera.

Durante una hora o más, la chica pelirroja y borracha desaparece, y cuando vuelve hacer acto de presencia, enseña a sus amigos su nuevo tatu de broma. Es una calavera de una persona y un escorpión anda sobre esta. La chica decide gastar una broma a su jefe, que éste odia que sus empleados tengan tatuajes que sean visibles en sus puestos de trabajo. Se hace una foto con el móvil y se lo envía junto con un texto relatándole la nueva adquisición.

No se hizo esperar la respuesta de su jefe, éste le decía que se le abrieron los ojos como platos, y que más le valía que fuera un tatuaje de henna, que como fuera de verdad, la tendría que despedir.

 El lunes siguiente llegó al trabajo aún con el tatuaje puesto, pues quería seguir con la broma. Después de exhibirlo delante de sus compañeros y del jefe, decidió que ya era hora de quitarse el tatuaje, bajó a los baños a limpiarse, y se llevó una sorpresa cuando veía que no desaparecía, comenzó a frotarse con desesperación hasta que se le puso el cuello rojo y el dibujo aún permanecía en el mismo sitio, inmutable. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

100

Cien relatos cargando a mis espaldas. No llegué jamás a pensar en relatar tantas historias, no llegué jamás a pensar en conocer nuevas personas que me inspirasen a relatar. Durante estos casi tres años, he manifestado todo mi ser en los relatos, he dejado ver mis aficiones, mis gustos musicales, mi forma de ser y pensar. Cosas de mí que no sería capaz de decir en voz alta están escritas y al alcance de cualquiera, quien haya sabido leer entre líneas diferenciando la realidad y ficción que he ido creando, ya me conoce de sobra.

 Quisiera agradecer a toda esa gente que me lee, aguantando mis faltas de ortografía, expresión o de conocimientos. Agradecer a los que les gusta porque les parece divertido y también a los que no les gusta porque les habré hecho perder el tiempo. 

 En esta parte me gustaría dar las gracias a esas personas que han ido colaborando conmigo en Relatos CruzadosCafé de Acuarela o.Ô, por su magnífica ilustración para el cuento La Pequeña Princesa no puede dormir. A Miguel Ángel Presa, por sus estupendas fotos para los relatos Donde duermen las gaviotas y Donde comienza el Arco Iris. A Nala Jones por sus relatos Eusebio y El desengaño. Y a Sara Crespo por ser una Fan Letal.
 Por último hacer una mención especial a Tami Sánchez, Bohemian Feelings, por sus relatos que son capaces de crearte una nostalgia que no tienes, de tocar la fibra sensible y de realizar relatos que juntan realidad y ficción en una línea tan fina que no se sabe cual es cual. Por saber inspirarme, colaborar en varios relatos y fundar Relatos Cruzados. Gracias por confiar en mis historias.

Cien relatos cargando a mis espaldas. Ahora volvemos a empezar, con nuevos relatos donde el Hacedor de Historias irá tejiendo para el disfrute del que se pare un momento, y decida leer las ironías de la vida. 

Gracias a todos los que leen el Hacedor de Historias, y espero llegar a otros cien.

lunes, 16 de diciembre de 2013

He matado a Papá Noel

Con el frío en el cuerpo, la mañana gris y con calima. Voy de camino al trabajo y me doy cuenta de que las fechas navideñas ya están aquí. Lo digo más que nada por el ambiente; tiendas decoradas con árboles de navidad, luces de colores por doquier, y después están esas decoraciones que me parecen tan extrañas, los Santa Claus que trepan a tu casa. De hecho, ahora estoy viendo uno de esos, pero, la forma en la que está colgada en ese balcón me parece muy curiosa, no tiene los brazos aferrándose a nada, sino que los tiene colgados en el aire. Su rostro está lleno de sangre y la lengua fuera; la ropa está hecha jirones. Me fijo que del cuello tiene una extraña soga de ahorcado, y a su espalda una nota escrita en rojo que reza: "He matado a Papá Noel".

lunes, 9 de diciembre de 2013

El Agujero Negro

Trostky no paraba de ladrar. Desde que yo había llegado, algo le estaba perturbando, y desde luego, a mí también.
 Estaba en la casa de mi amigo “El Ermitaño”, le llamábamos así porque a medida que pasaban los años, más se recluía en su casa, su única ventana al mundo era Internet. Decía que había perdido la fe en la Humanidad, y que para se salvarla, tendríamos que ser todos purgados.
 Yo visitaba a mi amigo de vez en cuando, más que nada para que no perdiera la poca cordura que le quedaba, y porque ya no podía salir de su casa, no por su ideología, sino que llevaba tanto tiempo sin realizar ninguna actividad física que acabó atrofiándose las piernas, de manera que ya no podía caminar, sino como mucho, arrastrarse por los rincones de su casa.
 Los ladridos del perro me sacaron de mi ensimismamiento, y entonces noté que algo iba mal, miré por el cuarto por si descubría lo que era. En el sofá estaba “Dibulibú”, enganchada a videoclips de veinticuatro horas, Manola estaba viendo una serie que yo odiaba, y un chico aleatorio estaba liando un cigarro. En las estanterías tenía los cómics viejos de siempre, y la mesa estaba llena de cosas que parecía un mercadillo.
 Cuando ya daba por concluido la búsqueda me percaté de algo en las piernas atrofiadas del "Ermitaño". Había un vacío que se creaba bajo él, mi amigo se dio cuenta de lo que estaba mirando, y con toda la tranquilidad del mundo, me dijo que era un Agujero Negro que se había formado en el centro de su cama, que por eso parecía que se hundía cada vez más.
 Nos confesó a todos que la primera vez, no sabía lo que tenía debajo y que al moverse, cinco colegas suyos fueron absorbidos sin regreso por el Agujero Negro. Yo regresé a mi asiento a whassapear un rato, ahora que me encontraba más tranquilo. El perro, afuera, seguía ladrando.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Incómodas cuestiones


Ella estaba ahí, silenciosa, ausente. Incluso cuando yo llegué no hubo signos emotivos. Me siento y me pido algo, el camarero sonríe de manera maliciosa, pero le corto antes de que diga nada.

 Antes de que me trajeran la copa, ella había abierto la boca, preguntando porqué visto de negro, no me lo esperaba, de ella no. Tardo en contestar porque me resultaba tan chocante toda esa situación tan irreal. Ella coge su vino, y como si estuviera en un gran salón frente a una chimenea con el crepitar de las llamas, aguarda mi respuesta.

 Le contesto que es tema delicado de comentar y que no es el momento adecuado, su contra respuesta es que ya había venido con ropa de colores en su cumpleaños. Y le recuerdo que fue a petición suya de manera excepcional, y que lo había pasado mal haciendo eso, que si por mí fuera, no lo volvería a repetir en tiempo.

 Lo segundo que me sorprende de la noche es que vuelve a preguntar un tema que me incomoda; mi coletero negro en mi muñeca izquierda. No quiero parecer molesto, ni que ella se moleste al no poder responder a sus preguntas. Así que le digo que ella, al igual que el resto de la gente, es afortunada de poder abrir el armario y decidir qué tipo de ropa ponerse, ponerse un color acorde al día, al estado de ánimo, o coger por coger. Que yo ya no podía hacer eso, ya no podía permitirme el lujo de vestirme con otras prendas que no sean del color de la noche más oscura.

Guardo silencio en lo que queda de noche. Las respuestas llegarían con el tiempo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Abrazos y achuchones

Después de una semana bastante ajetreada, siempre es un placer ver a los amigos y tomar unas cañas. Mientras discuto con mi amiga sobre si la gastronomía se puede considerar arte, veo en la barra del bar a una chica que me pidió semanas antes que le hiciera un reportaje fotográfico, aproveché a  ir a donde ella se encontraba para entregarle las fotos. Al saludarla de improviso me abraza de una manera tan alegre que casi me asfixia, después del saludo me pone mala cara y me pregunta que por qué soy tan arisco con ella, por qué de entre todas las personas es con ella con la que no muestro ningún interés o afecto. Le respondo que prácticamente no la conozco, que me cuesta muchísimo abrirme con la gente, y que ya he recibido demasiados palos en la vida como para confiar en las personas de buenas a primeras. Me contesta que soy un idiota, y vuelve a abrazarme y a achucharme tan fuerte que esta vez pierdo el conocimiento y tienen que llamar a una ambulancia.

lunes, 18 de noviembre de 2013

¡¡SORPRESA!!

Llevamos quince días encerrados en este bar tan conocido ubicado en el centro de la ciudad. Todo empezó como una sorpresa de cumpleaños para dos amigos. Lo habíamos preparado todo, la comida estaba distribuida por la mesa de billar, la decoración ya estaba dispuesta, y los globos decoraban las paredes. Sólo faltaba que llegasen los protagonistas.

Nos escondimos en diferentes partes del bar esperando para dar la sorpresa, estuvimos esperando horas. Llamamos para saber si llegaban o no, sólo decían que estaban a punto de llegar. Sin darnos cuenta estuvimos una semana esperando, cuando quisimos salir, nos percatamos de que nos encontrábamos encerrados en el bar, sin poder salir. La comida que preparamos para la fiesta estaba prácticamente agotada, lo racionábamos a la espera de que nos rescatasen.

A la semana siguiente habían muerto todos de enfermedad, hambruna o suicidándose. Ahora sólo quedo yo, estoy en los huesos a la espera de la muerte, y escribiendo mis últimas palabras a esos dos cumpleañeros:
¡¡FELICIDADES EN VUESTRO PUTO CUMPLEAÑOS!!

lunes, 11 de noviembre de 2013

La mano con trampa

Me encontraba en la barra bebiendo como siempre, a la espera de cazar alguna “víctima”. Ya entre todo el barullo y la música, no sé cómo, pero ya desde lejos oigo su voz. La voz de ese chico que no para de hablar, largo y tendido, además de repetirse hasta la saciedad. Me asomo con cautela, no quiero que me vea y empiece a dar la gran charla, le veo intentando ligarse a unas amigas mías.
Ambas estaban sentadas hablando de sus cosas, cuando aparece el charlatán, y con la mano derecha y la palma hacia arriba, va moviendo los dedos, como atrayéndolas. Una de ellas, la que estaba muy borracha, cogió la mano del muchacho, y cuando ella se dio cuenta de que era para sacarla a bailar, intentó zafarse, pero él la agarraba con fuerza. La amiga la ayudó sujetándola, pero en vano, no tenía tanta fuerza. Con lágrimas en los ojos, la joven cogió su navaja del bolso y se amputó la mano, salpicando a todos los presentes, yo incluido, de la sangre que emanaba de su muñeca recién cortada.  

lunes, 4 de noviembre de 2013

El secador de manos




Mascaritas y disfraces monstruosos poblaban ese bar tan conocido situado en el centro de la ciudad. En el escenario estaban Cadáver Depot, junto con Sara Bang Billy, que con su música eran capaz de hacer que vampiros y licántropos bailaran juntos, y que fantasmas y marcianos tomaran copas como buenos amigos.

Cerca de los baños veo a mi amiga que va disfrazada de niña de “El Pueblo de los Malditos”, y le hago una fotografía en el reflejo del espejo. En ese momento nos llevamos un susto al ver que el secador de manos se activa solo. Llamamos a nuestros a amigos para que presencien el fenómeno de la noche. Nos hacemos una foto de grupo y todos somos testigos de cómo el secador se vuelve a activar de forma independiente.

Cuando nos damos la vuelta, uno de los camareros, un señor alto, de cabellos blancos y gafas de pasta sin cristales, nos corta el paso, sermoneándonos que tuviéramos más respeto ante esos fenómenos sin explicación. Y sin que viniera a cuento, nos relata el origen del bar, que a finales del siglo XIX, esos terrenos eran un cementerio, que debido a terribles pandemias muchos isleños morían sin remedio. Hasta que a mitad del siglo XX, un conocido terrateniente se apropió del terreno, trasladando el cementerio a las a afueras de la ciudad, y construyendo aquí este caserón, que décadas más tarde se convertiría en uno de los mejores locales de ocio nocturno. Nos contó que el terrateniente murió en extrañas circunstancias, que la versión oficial fue de suicidio, pero que en realidad cada 31 de octubre, fecha en el que murió, era visitado por los muertos de aquel cementerio. Y que posiblemente el secador de manos esté poseído ahora por el espíritu de aquel terrateniente y que su alma trate de escapar mediante las fotografías.

Miré enseguida si había pillado su espíritu en la foto. Y ese entonces cuando lo vi. Aquella imagen de un ser terrible, mostraba unas facciones de horror y de penas mortales. Después del susto inicial miré mejor la foto, y suspiré aliviado al darme cuenta que aquel ser no se trataba más que Eustakya Lepop que se había colado en la foto. Al apagar la cámara y marcharme, el secador volvió a sonar de forma espontánea, mostrándome por última vez, la magia de la noche de Halloween.

lunes, 28 de octubre de 2013

La mirada de la Ainhoa





He de salvar pronto a mi amada Andrómeda de las terribles garras del Kraken. Para ello las gorgonas me han dicho que para derrotarlo he de hacerme con la cabeza de la Ainhoa, quien dice que basta una mirada de ella para convertir todo ser viviente en piedra.

Vamos acercándonos a la isla donde habita esta criatura espantosa. Mis compañeros y yo saltamos del bote, el ambiente es neblinoso, el silencio reinante. Subimos por las escaleras de entrada a un gran patio. Allí es donde les vimos y nos quedamos sorprendidos ante tal espeluznante imagen. Cientos de estatuas decoraban tan siniestro jardín; hombres y mujeres en tan espantosas poses de terror y agonía congelados ante la mirada de la Ainhoa. Pero lo más extraño es que no eran figuras de piedra como nos habían advertido, sino de un material blando, recubiertos de algo blanco esparcido en todo el cuerpo, y además olían bien. No me atrevería a asegurarlo, pero tenía la sensación de que todas las figuras aquí presentes no estaban petrificadas, sino “gominolizadas”.

 Nos adentramos en la guarida de la bestia. El espacio estaba iluminado por antorchas, y las paredes pintadas de un terrible color rosa. Mis dos acompañantes se separaron a los lados de la estancia. Nos movíamos en silencio, atentos ante todo ruido. De pronto me parece escuchar algo, me quedo inmóvil en una columna. Escucho con temor el grito de uno de mis compañeros, con mi escudo, que lo utilizo como espejo, veo cómo la Ainhoa transforma a mi camarada en un trozo de gominola gigante.

Con el escudo miro detenidamente a la Gorgona, tiene un traje gris con una raja en la parte izquierda de su falda; de su cuello cuelga un reloj, hipnotizante por su acabado artístico. Y el sonido que ella provoca es la de sus tacones que resuenan por la estancia, haciendo que hasta los hombres más bravos, se acurruquen en una esquina como plañideras.

 Mi otro aliado se derrumba por el miedo, trata de huir, pero la Ainhoa es rápida pese a sus tacones. Le da alcance y con su mirada añade otra gominola gigante más a su colección. La risa triunfante de la criatura es tal que es capaz de romperme los tímpanos.

 Solo quedamos ella y yo. Me muevo de columna en columna para evitar su mirada mortal mientras utilizo mi escudo como espejo. Al mismo tiempo, escucho cómo va reptando por el cuarto, siseando, llamándome, haciendo resonar sus tacones junto su risa demoníaca y letal. El calor se hace presente, mi corazón se acelera, estoy de espaldas a la criatura; ella avanza inexorablemente hacia a mí.

Entonces en un último acto de valor salgo de la columna, hago una foto a la Ainhoa y es ella la que se queda petrificada por el flash, momento que aprovecho para decapitarla y acabar son su reinado de convertir a todo el mundo de golosinas gigantes y salvar así a mi amada Andrómeda del Kraken.

 

BOHEMIAS HISTORIAS: Chinos Caníbales.

Ruta de tiendas chinas, hacía tanto tiempo que no lo hacía que lo echaba de menos. Ella y su amiga iban en busca de algo barato para disfrazarse en Halloween, llenar un traje de sangre y pintarse la típica cara de zombie-cadaver.

Otoño en Lanzarote ciertamente es extraño, pero ese día el sol brillaba y las nubes no habían aparecido, excepto esos aviones raros que dejan rastros de nubes en forma de línea perfecta.

- Nos están rociando – dijo Emma.

Ella, escéptica, pasa de su comentario. Siempre ha pensado que son aviones con maniobras militares. 
Empiezan por una pequeña tienda china, no hay mucho que ver con la ropa, sólo sudaderas y pijamas de franela ¡pero si aún no hacía frío!

De repente, recuerda que hay una tienda más grande, a la que fue una vez a comprar pelucas para un coro de góspel dos años atrás. Al entrar aquellos chinos tenían cara de amargados y no sonrieron ni dijeron nada. Siguieron al fondo. Vieron a una madre dar de comer una sopa de pollo a un niño chino, calvito, con apariencia cadavérica, como si fuera de esos niños chinos que ves en los documentales que pasan hambre en la calle, para nada son de esos rollizos y siempre sonrientes.

Como habían tantos pasillos con toneladas de ropa y zapatos que llegaban hasta el techo, mezcladas, pijamas con trajes brillantes, calzoncillos, zapatos tan vertiginosos que podrían ser para dragqueens o strippers; decidieron separarse y comenzar a ver pasillo por pasillo a ver si algo podría servirles.

Escuchó un ruido, tras otro. Y luego, sólo aquella música de reggeton que estaba desde el principio. Tami no paraba de mirar, buscar algo azul para ver si servía. Se estaba frustrando al no ver nada. Llegó al final de la tienda, ya desesperanzada al no encontrar lo que buscaba. 

Estaba sola, pero tranquila. Miró al techo. No estaba encalado, se veía a la perfección los ladrillos pintados de blanco y el cableado eléctrico por fuera. Varias luces parpadeaban haciéndola recordar a esas películas coreanas de miedo que tanto le gustaban.
Quiso ir al siguiente pasillo, pero al mirar vio que había una china mayor extremadamente delgada. Le dio vergüenza pasar, aparte de una pequeña punzada al corazón. Algo pasaba, ¿por qué había tanto silencio? ¿Por qué estaba sola? ¿Por qué olía a sopa en todo el lugar?

Siguió caminando entre otros pasillos, el olor a plástico la confundía, aquellas luces intermitentes comenzaron a ponerla nerviosa ¿dónde estaba Emma?

Decidió salir de esa parte del local. Ya estaba cerca de los probadores. Ruido de agua. Miró al suelo. El tubo del aire acondicionado goteaba y había un charco en el suelo, pero el agua no era transparente sino roja, ¿qué estaba pasando? Tami comenzó a agobiarse. Hacía mucho tiempo que no pasaba por un momento tan incómodo, con lo cual, comenzó a hiperventilar. Comenzó a seguir el rastro rojo en el suelo, que llevaba directamente al interior de los probadores. No había nadie alrededor, pero si ruidos extraños, olores extraños. 

La luz del probador de donde venía el líquido rojo estaba apagada, así que corrió lentamente la cortina blanca, no veía apenas nada, pero a medida que abría la cortina, todo encajaba. Estaba el bebé, pegado a su madre en la espalda por una tela negra. Su madre estaba mirando al suelo. Abrió un poco más la cortina y pudo ver la cabeza de Emma a un lado del suelo y su cuerpo ya sin vida en el otro lado, mientras aquel ser estaba cortándole uno de sus brazos, el izquierdo, el cual tenía un ojo tatuado.

La china no se había dado cuenta, estaba tan hambrienta que no percató su presencia. El bebé estaba mirando con ojos deseosos su cena. 

Cerró la cortina, caminó rápido hasta la entrada. La puerta estaba cerrada, las rejas echadas y las luces se apagaron. 

Por instinto, Tami corrió debajo de uno de las estanterías con ropa y se escondió entre ellas. Agradecía ser delgada y escurridiza para escapar. No lloró, se limitó a pensar en sobrevivir. Envió un whatsapp a Felipe, “No te lo vas a creer, Emma está muerta, va a ser la cena de unos seres horribles. Ni en nuestros relatos nos hubiéramos imaginado tal horror, llama a la policía, te mando la ubicación. Voy a apagar el móvil que no quiero que me vean”. 


Apagó el móvil y con lo cual, su conexión al exterior. Se quedó muy quieta, esperando. Perdió la noción del tiempo y lloraba en silencio. Tantas cosas por hacer y no podía ya. Tantos sueños que cumplir y quizás no pasaría de esa noche, ¿así se puede sentir un animal acorralado? ¿una simple gacela al ser perseguida por un leopardo? No, ellos corren, huyen. Ella estaba atrapada en un almacén, que tenían de tapadera.

De repente, alguien la  cogió de la pierna y la arrastró por el suelo, era aquella vieja. Llevaba un cuchillo de cocina, cuadrado, enorme, de esos que pueden cortar huesos y carne de un tajo. Se pararon frente a los probadores. Tami comenzó a mancharse con la sangre de Emma. Aquella vieja comenzó a reírse. La miró y le cortó la pierna. Tami comenzó a chillar, todo su sistema nervioso la avisó de un dolor inminente, jamás sufrido. Quería desmayarse, pero no podía. No tenía una pierna, pero aún tenía vida para escapar. Se reclinó como pudo y mordió a la vieja, sucia, maloliente. Su sabor, a basura; su sangre, salada. La vieja, sorprendida, la empujó y le mordió la otra pierna aún pegada a su cuerpo.

Tami se despertó sudorosa, casi a punto de gritar. Lola, su gata le estaba arañando la pierna y mordiéndola levemente. Todo era una pesadilla. Se giró para abrazar a su pareja y al hacerlo, vio sus manos manchadas de sangre. Se levantó aterrorizada, había destripado a su pareja con un cuchillo de cocina, exactamente igual que al del sueño.

- Mierda, ¡quién me manda ser sonámbula!


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Después de haber encontrado unos disfraces bastante decentes en los chinos, decidieron  irse a comer. La costumbre es ir a la pizzería de Playa Honda, pero los amigos de Felipe ya estaban un poco hartos y le convencieron a que fueran a un bufete chino en Costa Teguise, que se come todo lo que se quiera por cuatro euros.

Felipe mostró su desdén y rechazo por la idea, pero Christo y Yonathan llevaban la voz cantante y se dio por zanjado que irían al bufete.

De camino a Costa Teguise, empezó a llover copiosamente, Felipe miró por la ventanilla, con el pensamiento de que al día siguiente tendría que fotografiar los barrios inundados de Argana Alta. Si es que todos los años que llueve es igual, y no sólo Argana Alta se veía inundada, sino prácticamente toda la ciudad de Arrecife, el año pasado mismo, las lluvias se cobraron más de cien muertos e incontables heridos, cuatro desaparecidos y una millonada en daños personales.
Christo rompió sus pensamientos cuando le envió por teléfono un vídeo de un tío montándoselo con un burro mientras le pillaban, imagen que le provocó más de una arcada.

Llegaron a su destino, pero desde el coche hasta el restaurante se mojaron por la lluvia. Al entrar en el restaurante lo primero que hicieron los tres chicos al unísono fue poner cara de asco por el olor que allí se respiraba, olía fuertemente a sopa, un olor nauseabundo de una sopa que ninguno sabría decir cual eran los ingredientes.

Aún así se acercaron a los platos y comenzaron a ver las fuentes que ahí se exhibían. Toda la comida que se mostraba estaba totalmente podrida, daba asco. En ese justo momento, Felipe recibió un whatsapp de su amiga Tami, que decía: “No te lo vas a creer, Emma está muerta, va a ser la cena de unos seres horribles. Ni en nuestros relatos nos hubiéramos imaginado tal horror, llama a la policía, te mando la ubicación. Voy a apagar el móvil que no quiero que me vean”. 

De pronto se apagaron las luces del restaurante, los jóvenes se quedaron inmóviles, hasta que empezaron a oír ruidos procedentes de la cocina, eran pasos de más personas, gemidos y relamidos. No se podía ver nada, como fuente de luz eran los relámpagos que caían incesantemente. De repente se oyó un grito, era de Yonathan, lo habían cogido los chinos del restaurante, y entre destello y destello vieron cómo descuartizaban a su amigo y se metían trozos de su carne en sus ansiadas bocas caníbales.

Los dos que quedaban echaron a correr hacia la salida, que en contra todo pronóstico típico de las películas, se encontraba abierta. Pero fuera no se presentaba mejor, toda la calle era un caos, cientos de chinos devoraban todo a su paso, como si de langostas hambrientas se tratasen. Cuando los caníbales se percataron de la presencia de los dos chicos, éstos echaron a correr separándose. La lluvia no permitía ver nada, Felipe no paraba de caer y tropezar, miraba hacia atrás por si alguno de esos caníbales le perseguía, pero no había nadie. Dedujo que se entretendrían con algún otro incauto.

Felipe se escondió entre dos contenedores, pensando que iba a terminar como un chop suey. Entonces recordó todas aquellas cosas que le quedaban por hacer, las personas a las que despedir…sus dos amigos, uno muerto y el otro desaparecido. Impotente ante una situación tan irreal, comenzó a llorar, haciendo que sus lágrimas se mezclaran con la lluvia.

Unos pasos apresurados interrumpieron su llanto, y creyendo que era su amigo desaparecido, salió de su escondite. Y efectivamente, era su amigo Christo, o por lo menos, su cabeza colgada de la cintura de un chino caníbal. Cansado y derrotado, se dejó caer a la espera que también le devorasen.

-Joven, ¿y piensa de verdad que nos creamos ésa historia?

La habitación olía a humo, los dos policías miraban escéptico al joven que se encontraba al otro lado de la mesa, aún con las manos manchadas de sangre.

-Según un testigo, te vieron peleándote con tus dos amigos porque según tú, gritabas: “no quiero ir a comer en un chino, hoy tocaba pizza australiana”. Y al ver que ellos llevaban la voz cantante los descuartizaste y destripaste, para que a continuación, te comieras crudo todos sus órganos.

El chaval no alzó la cabeza, sólo miraba sus manos, y murmuraba en voz baja que todo fue cosa de unos chinos caníbales.


RELATO COMPARTIDO CON BOHEMIAN FEELINGS. PARA MÁS RELATOS VISITAR.
http://www.bohemianfeelings.blogspot.com.es/



lunes, 21 de octubre de 2013

Esos momentos tan incómodos...

Ese momento tan incómodo, en el que estás esperando,  y la mujer de la limpieza te empieza a hablar y a hablar, tú sin saber qué decir porque eres de los que hablan poco, y de repente te comenta anécdotas de sus vecinos y hermanos muertos.

Ese momento tan incómodo, en el que estás a tu bola en una pista de baile y a tu derecha tienes a una piba que te da codazos, y en frente a otra restregándose contra ti.

Ese momento tan incómodo, en el que estás con tus amigos pasándotelo bien, y justo detrás de ellos una chica a la que no estás interesado no para de mirarte e invitarte a copas.

Ese momento tan incómodo, en el que estás con una amiga hablando de historias, anécdotas y de ideas, cuando de repente se acerca una chica jovencísima y tan proporcionalmente borracha, que no hace más que sacarnos fotos con ella, decir que le molamos mucho, y abrazar a mi amiga diciendo que es su hermana y que por favor no se enfade con ella.

Ese momento tan incómodo, en el estás admirando unos cuadros, intentar llegar a la psique del autor, cuando llega el pesado de turno que ya lo conoces y no para de hablar contigo porque el resto ya ha pasado de él, y que además le huela el aliento a animal.

Ese momento tan incómodo en el que te sientas porque te dicen que has de conocer gente, y al momento de llegar tú, el resto decide marcharse a otro sitio.

lunes, 14 de octubre de 2013

La habitación del ángel



Ilustración: Thami Sánchez.

Vuelvo a discutir con ella. Esta vez lo hacemos a puerta cerrada y sabiendo que nuestra hija se encuentra en su habitación, preparándose para irnos al parque de atracciones. No para de reprocharme que no hago más que escribir y escribir, que no le dedico tiempo a ella o a nuestra pequeña. Yo no soporto más sus rabietas. Y antes de coger a mi hija, mi mujer se desploma y entre lloros me confiesa que me ha visto con otra, con una pelirroja. Me quedo inmóvil en el umbral de la puerta, y sin decir nada me voy al coche.

 Para que todo parezca de lo más normal, ella y yo actuamos como siempre, mi esposa coge la cámara y comienza a filmarnos antes de subirnos al coche, y nos despedimos con la mano añadiendo una sonrisa de lo más cómica. 
 Lo pasamos bien en el parque de atracciones, el olor del algodón de azúcar me trae recuerdos de mi propia infancia en la que yo venía con mis padres...antes de separarse. La niña reía sin parar y a cada rato nos decía que nos quería mucho. Yo la miraba con culpabilidad, pero no podía hacer otra cosa. 

 Regresamos a casa en silencio. Nuestra hija se encontraba durmiendo en la parte de atrás. Mi mujer me coge de la mano, y en voz baja me dice que no lo haga, y comienza a llorar por lo bajo. Llegamos a casa, ambas se bajan del coche. Ella me mira con tristeza, yo no me atrevo a mirarla. Sólo contemplo a mi pequeño retoño, acurrucada entre sus brazos, durmiendo como un pequeño ángel a la que no me podré despedir. Me marcho en silencio. La promesa de una vida mejor está a lo lejos, en el horizonte.

lunes, 7 de octubre de 2013

Muriendo por dentro: Una pequeña luz en un año de oscuridad.

Ya no sabía si podía aguantar o no, solté el peor chiste que había dicho en mi vida, y solo una sonrisa, una, entre aquel grupo de personas que estaban allí y una mirada que jamás olvidaría, me enamoró por completo.

Estaba al fondo, tímida, como escondiéndose, o tal vez nos estudiaba a todos desde las sombras. Nunca tuve la ocasión de decirte lo que sentía por ti, ¿miedo?, posiblemente, ese miedo era mayor que yo.

Silencios junto a tu vera, a través de las ventanas un mundo lleno de luz que no me atrevía a compartir contigo. Llegan los días de oscuridad en los que la amistad se pone a prueba. Donde las elecciones no son fáciles, y donde nos vamos devorando.

Situaciones difíciles, momentos incómodos, palabras hirientes provocan la sangre y la muerte de una amistad. Por otro lado, ella permanece confusa. La mirada que tenía cuando la conocí, había desaparecido por completo hace tiempo.

Inviernos perpetuos, mañanas frías y sonrisas congeladas. Silencios mudos en los que nos convertían en maniquíes y nuestras vidas eran como un escaparate al público. Todo lo que sentía, todo lo que quería decirte, ya era muy tarde para decírtelo.

Cada vez ella está más lejos, en un lugar donde yo no puedo ir, inalcanzable. No tuve ocasión para entenderte, y de cómo era tu infierno, solo te pido perdón por mi egoísmo aunque las sombras oculten los días más radiantes.


Ambos tomamos caminos distintos sin tener la oportunidad de despedirnos, nos obligaron a crecer y a madurar rápido. Y pese al tiempo pasado aún no me has olvidado, igual que yo tampoco olvidé aquella primera mirada.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Presentaciones

La ciudad se llena de música y vida. Los bares están a rebosar, el ambiente es estupendo, la noche es fresca y uno va encontrando viejas amistades que no veía en décadas.
La gente se mueve al son de la música y yo me dedico a fotografiar a las bandas que van tocando a lo largo de la tarde. Desde cadáveres musicales con chicas guapas, pasando por el reggae y finalizando por el rap.

Durante uno de los descansos, me siento en un lugar apartado donde estar tranquilo y mirar las fotos que he sacado para ver si necesito descartar alguna. Me encuentro con dos chicas que conozco, amigas de una amiga. Nos saludamos y hablamos sobre “Móviles Zombies” y de películas de finales de los 90. Al cabo de un rato llegan dos personas más, amigos de la chica rubia, de forma espontánea me los presenta, ambos hablan en inglés y yo que prácticamente apenas logro dar palo al agua con mi propio idioma me quedo callado exhibiendo mi mejor sonrisa. Mientras la chica rubia habla de mí a los recién llegados, le comento a la otra chica que seguramente les pareceré a los otros dos un retrasado por no hablarles. Entonces, ella en broma, me dice que tampoco dirá nada para que ambos lo parezcamos. De forma súbita ésta chica les empieza a hablar y decir cosas de manera que me deja solo. Pongo cara de tonto y me voy dando yo mismo golpecitos en la cabeza como el tipo de aquella película del 88.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Oídos sordos

Estábamos mis amigos y yo sentados en la terraza de una pizzería, esperando a que nos trajeran nuestras respectivas pizzas. Antes de que viniera el camarero con nuestra comida, justo en la mesa de al lado se sentó un grupo de jóvenes con música reguetón a tope. Nosotros hacíamos comentarios indirectos como: “¿por qué no se ponían los cascos?, o que música más ruidosa”…los chavales haciendo oídos sordos subieron más su música. De pronto uno de mis amigos, el que estaba más cerca de los chicos, empezó a tener convulsiones, se agitaba de forma frenética y le salía sangre por las orejas. Rápidamente me levanté, cogí el MP3 donde salía esa música diabólica y lo estampé contra el suelo. Mi amigo dejó de convulsionarse, pero tuvimos que llevar a mi amigo al hospital, justo en ese momento salía el camarero gritando que ya tenían nuestras pizzas y que si no los comíamos ahora que se nos iban a enfriar. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Mecheros y rubias

Aquella tarde me dirigía a una casa situada en el campo, tenía un trabajo fotográfico que hacer allí. De alguna manera mientras fotografiaba aquel lugar, perdí mi mechero al que tanto cariño le tenía por todas las aventuras que habíamos pasado juntos, encendiendo cigarros a pelirrojas. No me había dado cuenta hasta la noche, cuando precisamente una pelirroja me estaba pidiendo fuego, entonces caí en desgracia, no solamente por haberme perdido un ligue, sino también por la depresión de haber perdido algo tan valioso, un regalo de un amigo y que había pasado una historia con un mago.

 Al día siguiente decido llamar al tipo que me contrató para que me abriera la casa que fotografié. Aceptó de buen grado, después de contarle lo valioso que era aquel mechero para mí.

 Empiezo a buscar, voy por todos los lados en los que he caminado el día anterior, no lo encuentro. Me empiezo a desesperar, pero la búsqueda es en vano, no doy con ella. El tipo que me dejó entrar en la casa me espera afuera. Al ver que no he conseguido encontrar mi mechero, me invita a unas birras en un bar conocido por sus tapas y su música.

Llegamos al bar, nos tomamos una birras, y hablamos sobre las fotos que saqué a la casa el día anterior. Al rato la camarera, una chica rubia con el pelo recogido, me llama por mi nombre con total confianza, me giro sorprendido por la forma y me dice que ella ya me conoce, que estudiábamos en el mismo instituto. Le pido perdón por no recordarla, entonces me pregunta por qué estoy de bajona. Le cuento toda la historia, entonces ella se empieza a reír, y con dos movimientos rápidos de mano, aparece mi mechero en su mano derecha. Mi compañero y yo nos quedamos atónitos, cojo el mechero, lo inspecciono, tiene las marcas que le había dejado y veo que es el mismo que perdí. Le pregunto a la camarera por su nombre, quería escribir un relato sobre lo sucedido, ella me lo da, pero al salir del bar con dirección a mí casa, una pelirroja me pide fuego, ello provoca que ya no me acuerde del nombre de la camarera.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Relato inacabado…


Me despierto en mitad de la noche, no es por el calor, ni por las ganas de ir al baño. Tampoco lo es por el griterío de los borrachos que justamente se colocan bajo mi ventana. Más bien es por una extraña sensación, una inquietud que me invade y eso a hecho que me despertase. Me incorporo un poco, me froto los ojos y enciendo la luz, miro a mí alrededor y no veo nada extraño por el cual me hiciera despertar. No oigo ruidos dentro de casa, únicamente se escucha el tic-tac del reloj de la cocina; me levanto y al salir de mi habitación, descubro en el pasillo una luz proveniente de alguna de las habitaciones. Al aproximarme a la esquina deduzco que la luz proviene del estudio, entonces trato de hacer memoria si antes de acostarme apagué el ordenador. Juraría que lo apagué, entonces me aproximo a mi estudio con cautela, paso a paso, miro alrededor, por si alguien se encuentra en mi casa y me pilla por sorpresa. No encuentro a nadie, pero lo que sí veo es que mi ordenador está encendido. Veo que el programa que utilizo para escribir mis novelas está puesto, y que además hay algo escrito. Pone de alguien que no puede dormir, de una inquietud, de pasillos oscuros y de un ordenador encendido, y que cuando el personaje descubre qué es lo que pone en el ordenador, lee que oye pasos atrás, se da la vuelta…

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sara, cadáveres y otros fiambres


Noche calurosa de verano, me encuentro en mi casa viendo películas de terror antiguas. Son un pelín cutres, pero obras maestras si las comparo con las películas actuales. De un sobresalto en la que casi se me salen los pechos del escote, oigo cómo mi móvil empieza a sonar con los gritos de Jaime Lee Curtis, me encantan sus gritos en “Halloween”sonando en mi móvil. Mi amiga me dice que hay un concierto muy guapo de un grupo llamado Cadáver Depot y que cuentan con la colaboración de la diva de la noche: Eustakya Lepop. Le digo a mi amiga que no los conozco, y que me da pereza ir. Ella empieza a suplicarme y cuando no puede más, le digo que acepto ir. Me encanta oír a mi amiga suplicar.
En cuanto llegamos vemos cómo se empieza la gente a aglomerar en torno al escenario, y cómo el grupo se va preparando. Bajo el escenario, se encuentra un tipo vestido de negro con una cámara de fotos que no para de mirarnos de forma muy rara, es como si quisiera fotografiarnos, pero lo que no logro entender en ese momento es cómo este tipo no tiene calor vestido así.
Se apagan las luces, los focos  parpadean, suena la música, de fondo tienen una pantalla en la que se emiten fragmentos de películas de terror antiguas, y la chica que se encuentra al micrófono empieza a cantar. La chica lleva tatuajes en todo su cuerpo, pero apenas los puedo ver bien debido a la escasa luz, su voz suena como los ángeles, es muy sexy y lleva un estilo muy pin-up. Juro que si yo no fuera hetero, me la intentaría tirar en los baños después del concierto.
En escena de repente aparece Eustakya Lepop, que comienza a cantar con voz de camionera, a tirarse por el suelo y a pasarse el micrófono por sus bajos. Entonces me llevo otro susto que hace que mis pechos salten, un flashazo del fotógrafo de negro, nos enseña la foto y veo que mi amiga y yo salimos estupendas de la muerte.
Termina el concierto, me encuentro empapada de sudor, pero aún así me dirijo a la chica de los tatuajes, le abrazo y le digo que ha sido un concierto estupendo, que su voz me ha enamorado y le pregunto su nombre, se llama como yo; Sara.


Si quieres estar al día con respecto a la moda, arte, saber de conciertos, fotografía, y demás cosas interesantes visitar: http://laefigieoscilante.wordpress.com/

martes, 27 de agosto de 2013

Bohemias Historias: Fin del verano.

Volver a aquella rutina, volver y que cuesta. Mi cuerpo, sabio y consciente de que algo marcha mal, manda sobre mis decisiones y me dice que he de reposar. Disfrutar tan sólo de un día, de una noche que se torna diferente como las otras, donde comparto impresiones con el colega de aficiones, donde me descubre libros, películas, cómics que desconozco, donde nuestro pequeño proyecto, nuestra pequeña ilusión crece y se alimenta.
Risas y una cerveza, no más. Tras un pequeño paseo, al volver todos al bar de siempre, vemos como algo inusual pasa, un hombre delgado, mediana edad, colocado, borracho, vociferando estupideces, algunas entendibles, otras no. Un hombre en pleno ataque de histeria, donde la testosterona predominaba, donde no paraba de golpear paredes y puertas, donde el portero del bar no hizo otra cosa que esconderse y salir de repente otra persona, menuda y conocida y querida por mí. Le paró, como un héroe, le redujo al suelo, mientras aquel impresentable no paraba de llorar y gritar.
Tras ello charlas con aquel ser que presumía de que iba a hundirlos a todos, no sabía si sentirme aludida, me mantuve al margen. Y voló mobiliario urbano, casi hiriendo a niños y transeúntes que pasaban por allí. Protegí a mi mejor amiga y nos alejamos, viéndolo todo en la lejanía. La policía, como de costumbre, pasó cuando aquel ser ya se había ido, esfumándose entre los callejones, tambaleándose, acompañado por un ser civilizado.
Todo esto sucedió frente a mis narices, como en una película, como si de repente hubiera un villano y un superhéroe y su equipo. Y yo me sentí salvada y protegida. Para celebrarlo, un brindis con aquellos héroes nocturnos que no sólo están detrás de la barra, sino que nos defienden, lo dan todo por nuestra seguridad.
He disfrutado siendo yo en todo momento, en ver la cara de sorpresa de ella por un regalo que le hice y no se esperaba. Pero va siendo hora de retirarse, va siendo hora de descansar. Ayer, en los fuegos artificiales, esos que me gustan desde niña, he podido abrazar a mi gran amiga que se va dentro de poco, y me dio una punzada al corazón por irse, por no haber disfrutado de ella, por volver a no tener cerca a alguien con la que tantas afinidades tengo.
Y a cada explosión de color impresionante, mi amiga, fiel a nuestra amistad de antaño, me agarraba muy fuerte y me soltaba un te quiero. Un te quiero de hermanas, de habernos salvado el culo mutuamente, de comprendernos mutuamente. De decirme cosas que muchas veces no quiero oír. Y fue justamente ahí cuando decidí tomar otra decisión. Decisión que marcará mi existencia. Visitar Irlanda, verla en ese país nuevo al que va y yo nunca he visitado, entre pintas y en un rancho con caballos, con su estudio independiente y con miles de aventuras que recorrer. Rellenar otro punto más en el mapa como visitado. Irlanda nos espera amiga.
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Ya no escucho la voz que desde que yo era niño alimentaba mis fantasías e ilusión de ganar alguna muñeca chochona, o cualquier premio de la tómbola. Hoy ha permanecido en silencio la feria, la música, los gritos de los niños, el ruido de las máquinas de las atracciones, todo quedó ahogado sin la voz tan característica del señor de la tómbola.
Esta semana ha sido un sin parar de buena música, ambiente y rock and roll. Aparte de eso, un viejo amigo entra en escena llegado de lejanas tierras, y es como si nunca se hubiera marchado, sigue igual de siempre, lo que me hace preguntarme a mí mismo, si yo también sigo igual, o sin que me diera cuenta me he llegado a contaminar llegando a ser igual que el resto.
Nuestro proyecto en conjunto va creciendo día a día, relatos, historias, dibujos, fotografía…mi compañera no me cree cuando le relato cómo será dentro de un par de meses cuando nuestro proyecto se asiente. Cuando a ella le llamen de una editorial importante y por fin uno de sus sueños se vea cumplido y pueda ver en las librerías su novela ya publicada. Y con entusiasmo brindamos con nuestras botellas de agua.
Después de un rato de distorsión y de fotografiar a escondidas piernas de una pareja de modelos improvisada, llegamos a ese bar ubicado en el centro de la ciudad. De milagro esquivo un cubo de basura que me vino volando, y al ver lo que estaba pasando veo cómo uno de los que trabajan en el bar reduce a un tipo que empezó a armarla insultando a todos,  y queriendo buscar bronca. Después de ser reducido, empezó a dar vueltas como un buitre, gritando y sollozando, lamentablemente no le vi partir, pero luego sí llegó la “caballería”, uno de la policía local estuvo sacando pecho, y después de que terminara la tormenta preguntó qué había pasado.
El fin de verano llega cuando los fuegos artificiales iluminan la noche, miles de personas se agregan en torno a la feria y sus cercanías, y las parejas sienten que su amor también se esfuma como la luz que surca la oscuridad y se pierde en la nada. En ese momento me encuentro con mis amigos, viéndolo todo desde lejos, como si eso no fuera de nuestra incumbencia. Al terminar, se oyen aplausos y gritos de alegría. No podemos parar de reír porque es como si estuviéramos en un concierto. Llegó el fin del verano, las vacaciones…pero aún así el espectáculo a de continuar.

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lunes, 19 de agosto de 2013

Hermanita

El calor está muy presente en este bar tan conocido ubicado en el centro de la ciudad. De manera progresiva se va llenando de gente que viene de la feria y de otros locales de ámbito nocturno. Sólo quedan unas pocas horas para disfrutar de la compañía de los que pronto se irán y no me encuentro con el ánimo suficiente para aprovechar esos momentos. Hace mucho calor, la chica con el pequeño Kruegger colgando ha tardado una semana entera para poder perdonarme, ahora cree que la ignoro pero solamente cuido lo que voy a decir, y aún no me atrevo a entregarle ese montón de cartas llenas de amor inconfesado. Su prima me hace un juramento de sangre en la que la próxima vez que nos veamos cumplirá con mi satisfacción zapatil. De pronto me piden que haga una foto de grupo, y es ésa la foto en la que dentro de unos treinta años alguien verá rota en el suelo mientras su imagen le devuelve unas sonrisas que representaban libertad y amistad.
Llega la hora de la despedida, los últimos abrazos y los mejores deseos. El resto nos quedamos hasta que alguien implanta una idea en nuestras cabezas, y es la de comer bocadillos de tortilla. Mientras esperamos a que llegue el resto de amigos, mi glamurosa amiga se dedica a coquetear con un grupo de chicos a las que se deja toquetear y que en cierta medida ellos disfrutan sobremanera haciéndolo. El novio de mi bohemia amiga no para de hacer eses y de rebotar en las paredes, lo que hace que dificulte la llegada al coche. Seis personas en un coche de cinco plazas, mientras uno de nosotros se siente como una maleta de viaje, somos escoltados por una fila de coches patrulla que paran y rodean una discoteca en la que se pueden ver dos grupos dándose de lo lindo.
Quince minutos nos lleva encontrar ese sitio donde se hacen excelentes bocadillos de tortilla. Y justo cuando nos sirven, la “señora” del grupo recibe un mensaje en su móvil, entonces su cara se ilumina y nos anuncia que acaba de nacer su hermanita, todos gritamos de alegría en ese bar cuyos únicos testigos son el barman y dos viejitos con su café mañanero. Levantamos nuestros bocadillos y alzamos nuestros vasos de agua, nuestra “señora” amiga grita que nos invita la ronda para celebrar la llegada a este mundo de su pequeña hermanita.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Gracias a todos


Ese perro aún sigue esperando en la estación a que llegue su dueño. Termino de leer el relato de la semana de Bohemian Feelings, hoy el café de acuarela me sabe muy bien, y tengo que dejar los cascos cuando suena el mejor tema de Xafon XIII. Hoy hace calor, y me pongo la gorra de Long Lance. En el periódico pone que una chica con un ukelele tocará en la plaza por motivo de las fiestas, eso es algo que no me puedo perder, tendré que aplazar la orgía que organizó una amiga para mi cumpleaños para otro día.
De camino a casa de mi novia, paso por la playa, contemplo el mar azul como si fuera la última vez que lo mirase, en ese momento de distracción, veo una sirena. Atónito, presencio que trata de comunicarse conmigo, hace gestos que me son familiares, gestos que utilizo yo para hacer fotos. Le hago una foto de cuerpo entero, al enseñarle la foto, se enfada conmigo y me dice mediante gestos que la fotografíe de cintura para arriba, le hago caso, cuando termino se siente complacida y se marcha de nuevo al mar azul, dejando tras de sí una estela de botellas de cerveza.
Al llegar a casa de mi novia la veo con el delantal puesto y por lo menos con cuatro tartas hechas. Este año ha sido una pasada, y es que todo el mundo ha ignorado el mensaje de advertencia que dejé en el Facebook de no felicitarme. Ahora tendré que ir a casa de todos y de cada uno de los que me han felicitado, como los que han respetado mis deseos, a entregarle en mano una carta con un trozo de tarta dentro y darle las gracias por esos minutos que me dedicaron…y de paso borrar algunos con tipp-ex. Gracias a todos.

lunes, 12 de agosto de 2013

BOHEMIAS HISTORIAS: Oasis Perdido

Todos los días siempre decía el último. El último lunes, el último martes… hasta llegar al domingo donde definitivamente me apagué. Me apagué por el simple hecho de que hacía tanto tiempo que no pasaba un verano disfrutando en Lanzarote, que no quería dejar ese oasis. Y digo quizás, porque el verano que viene no sé si tendré vacaciones y quizás sea el último que pueda disfrutar plenamente y sin las prospecciones de por medio.

Dedicar tiempo a no tener horarios, a disfrutar del sol, de nuevas caras, de meditaciones en plena soledad, de sentir que me rodeo de gente que se alegra de que sea feliz. Disfrutar de esas nuevas caras, de conversaciones sorprendentes, de frikadas a las que me estoy volviendo fan.

Volver a sentir ese pequeño malestar, con ese sonido característico que hacía tres años no escuchaba, ese sonido eléctrico, mientras la tinta se introduce bajo las capas de mi piel, para formar parte de mí, hasta que deje de existir; donde alguien nuevo lo hace de forma desinteresada y con mucho gusto. Sentirme una obra de arte andante, sentir que soy una delincuente o que estoy loca por hacer lo que más me gusta.

Rodearme de artistas, algunos quizás no se den cuenta de que lo son, otros se le creen demasiado. Hacer de un martes normal en los nuevos “marnes” y caer extenuada en el sofá de una conocida que ya pasa a ser amiga. Tener meriendas improvisadas, enganchados a la consola, donde descubro que soy buena jugando a los bolos y al béisbol, mala al Mario kart y regular en las carreras de vacas…

Reencuentros emocionantes, pasar del metal que tanto me gusta, a charlas y confesiones pendientes por una amiga de la que he sido capaz hasta de tatuarme lo mismo que ella. Conocer aún más a mi compañero de aventuras, todo un lujo poder verle al despertar y antes de dormir a deshora, con susurros que queda entre los dos y que me hacen sentir protegida, con miradas silenciosas que parecen que ven tu alma y que por timidez, evito.

Estallar de risa, sorprenderme ante la elocuencia etílica de mi colega de relatos, que siente unas ganas tremendas de pedir siempre perdón en ese estado, cuando en realidad está brillando con luz propia ante sus conversaciones interesantes sobre frikadas y cine, ante sus colegas con los que pude disfrutar de unas horas maravillada ante el enriquecimiento cinéfilo y los diferentes puntos de vista, las cosas en común y sorpresas. Sentirme halagada al final de la velada, de otra noche de bares, de mi última noche de bares en vacaciones, donde sentados en la acera a altas horas de la madrugada, le enseño fotos y se queda maravillado ante fotos que hago a mis adorados gatos, donde creo que trata de subirme la autoestima y motivarme para que aprenda y salga un poco de esta rutina que me cansa.

Llego a casa, acostumbrándome a esa rutina, que me gusta, pero a la vez quiero huir de ella y probar cosas que realmente me gusten. Me queda la imaginación y el buen sabor de boca que me han dejado seres conocidos y otros nuevos. Y en realidad, sólo espero que al igual que disfruté tanto de mis amigos como de los nuevos, ellos hayan disfrutado de mi parcela de mundo que me gusta compartir. Trato de no pensar que es el fin, trato de que esos momentos me ayuden a afrontar lo venidero. Trato de no tener otro día catastrófico y sin luz. Y entonces es cuando hago memoria y me enorgullezco de lo que soy, de mi familia, de lo que he conseguido, por lo que lucho, las risas que me quedan y cómo no… perderme entre su pelo alborotado y sus ojos llenos de amor infinito y pensar que seguirá a mi lado generando luz cuando lo necesite, al igual que yo haría por él.


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Último lunes: Llego a casa de mis colegas, una de ellas está muy hecha polvo y de muy mal humor, sí, tiene la regla. Acostada en el sofá, mientras le hablo veo cómo se agarra el estómago y le pregunto si el niño de su interior le está comiendo las entrañas. Al rato llega mi amigo fotógrafo y su novia, de la cual también tiene un niño en su interior desgarrándola por entera. Por lo que su novio se dedica a hacer la cena.

Último martes: Después de dar un paseo caluroso por el litoral y de dibujar al aire libre, cosa que no hacía desde el instituto, me reuno por la tarde con mis colegas, de las cuales dos de ellas llevan bebiendo desde las once de la mañana mientras iban de compras. La tarde iba genial hasta que una de ellas le da una bajona porque su mejor amiga se iba a la península a finales de verano. Luego todo fue confuso y mezclado, recuerdo footing, galletas con caramelo líquido y humo que daba mucha risa.

Último miércoles: Llegamos tarde a la exposición de fotografías, y con mucha hambre atacamos los sándwiches mientras mi amiga cataba el vino en vasos de plástico de las que ella odiaba. Hacía mucho calor ahí dentro, por lo que decidimos terminar pronto la noche porque el “Juernes” estaba a la vuelta de la esquina.

Último “Juernes”: La contraseña de hoy es: “¿aquí se hacen tatuajes gratis?”. Al llegar a casa de mis colegas veo a la tatuadora haciendo su trabajo sobre la piel de mi amiga, su novio también lleva esperando a hacerse el suyo. Ella lleva dos tatuajes con referencias egipcias y un símbolo del infinito, del que yo pensaba que le iba a salir con forma de siete. Mi amigo fotógrafo se hace un tatuaje de esa travesti tan famosa que anda por los bares poniendo música y haciendo performance. Es la primera vez que tatúan a mi amigo de manera que sienta dolor, pero lo aguanta sin ningún grito ni lágrimas en los ojos.

Último viernes: Ya todos estamos listos para los conciertos de música peluda, mi amiga se hizo un peinado rizo a lo afro, yo me puse mi gorro y gafas de piloto, y la hermana de mi amigo ya venía masticada de dos cubatas que se pegó en su casa antes de venir.
La novia de mi amigo fotógrafo nos presenta a su amiga. Yo hago fotos sin parar a los grupos, mientras mi amiga de los rizos me busca para pillarle birras. La novia de mi amigo se queda con su amiga hablando toda la noche de cosas que la hacen reír y emocionarse, entonces aprovecho ese momento de silencio entre ellas para hacerles una foto que inmortalice ese instante.

Último sábado: En la casa de la novia de mi amigo fotógrafo, me hincho a bocaditos y demás entremeses que ella prepara, y es que con ella no hay manera de morirse de hambre. Pasamos la tarde jugando a videojuegos, donde descubrimos que nuestra anfitriona es malísima en los juegos de conducción, pero menuda paliza nos dio en los juegos de bolos y de béisbol. Ya en la noche profunda nos vamos de bares, donde me quedo dormido en el coche de mi amiga, su novio está de subidón y mi otra amiga hace alarde de sus zapatos nuevos que la hacen más altas que yo. Hablamos de cine, mientras mi amiga me enseña fotos de sus gatos. Y el resto hablan cosas típicas de borrachos.

Último domingo: Me despierto muy tarde. No hay señal del resto de mis amigos, y creo que es mejor así. Que en este último día de las vacaciones de mi amiga, las pase relajada,ensimismada en sus pensamientos, que mucho nos ha soportado ya. Para mí ha sido un placer compartir esta última semana de vacaciones con ella, compartir relatos, risas, y buenos momentos. No sé si alguna vez volveremos a compartir una semana todos juntos. Pero mientras tanto nos queda el recuerdo, y esa sonrisa congelada en el tiempo impresa en esa foto hecha en un oasis perdido.



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lunes, 5 de agosto de 2013

Noche Rock Star


Segunda noche de sábado improvisado, primero asisto a una fiesta que organiza una antigua compañera del instituto, era una reunión algo particular ya que las personas que ella agrupó las conocía ella por separado y no entre ellos. Yo llevo a dos colegas más para no sentirme incómodo y estar en piloto automático mientras ellos van haciendo nuevas amistades. Me tomo un par de bebidas que me saben a parra, y me hincho de bocaditos cortesía de la anfitriona.
  Una vez terminada la prefiesta, nos dirigimos a la verdadera marcha nocturna, una sesión de DJ´s en un hotel durante siete horas. A pesar de ser una megafiesta y estar pasándomelo bien con mis amigos y con los recién conocidos, no puedo evitar pensar que probablemente me sentiría mejor con los colegas habituales de las juergas nocturnas. Sin que se lo diga al resto, hago que voy al baño, me escabullo y me dirijo a ese bar tan conocido del centro de la ciudad.
  Entro por la puerta grande, al llegar ponen un temazo y un par de chicas fans de mis fotografías me reciben con abrazos y besos, saludo al resto de colegas con reverencias, estrechada de manos y besos lanzados. Todo se convierte en una distorsión de la cual soy consciente de que al día siguiente tendré que pedir disculpas a todos y a cada uno de los que me vieron borracho. Recuerdo un tipo sacarme fotos con mi propia cámara, medusear junto a una “Medusa”, sobrepasarme con la hermana de un amigo y otras cosas que seguramente habré hecho y que ahora no recuerdo. Decido pedir mi cuarto cubata. Es en ese momento cuando la veo, el motivo de mi escapada, esa chica de la que hacía meses que no veía por aquí. Cabellos largos de ébano, gafas grandes redondeadas, y de sonrisa alegre. Aún no me ha visto, decido saludarla como siempre la hacía, acercarme por detrás y ponerle sobre la mejilla mi vaso aún frío por el hielo. Justo cuando me disponía a moverme, una mano ajena con un vaso frío, se posa sobre su mejilla. Al principio se sorprende, se da la vuelta y besa en los labios a un tipo que yo no había visto nunca.
  El subidón, las ganas de fiesta se terminan, pienso que ya no tengo nada que hacer aquí pese a que todos mis colegas siguen aún de “distorsión”. Decido marcharme sin decir nada y regresar con los amigos de antes. Antes paro en una esquina, vomito durante un buen rato, me miro sino me he manchado, y entonces como si estuviera como nuevo termino con lo empezado, dejando en esa esquina no sólo mis vómitos sino también mi corazón entre los restos.

lunes, 29 de julio de 2013

BOHEMIAS HISTORIAS: Mundos Paralelos.

Hace tiempo que no salgo con mis colegas, su procedimiento de fiesta, aunque respetable, a mí me aburre un poco. El procedimiento es llegar, hacer botellón en el coche y cuando todos luzcamos sonrisas de oreja a oreja dirigirnos al centro de la fiesta, que normalmente suele ser una verbena. Y escuchar a mis amigos decir cosas como: “qué buena está esa tía”, “que tetas más grandes tiene esa otra”, “me estoy poniendo malo”. Y todo ello sin que mis amigos reaccionen y les diga algo a alguna piva en cuestión para no ser abofeteados.
 Pero aquella noche iba a ser un poco diferente, y es que invitamos a salir a un amigo que no había salido nunca un sábado por la noche. Para mí eso fue un incentivo más que suficiente como para dejar tirados (en el buen sentido, y con el beneplácito de ellos) a mis habituales compañeros de otras salidas de fiesta, que estaban todos en otra isla celebrando fiestas en carpas con Ratones Élficos y demás seres extraños.
Íbamos a convertir a nuestro amigo en un dominguero más, y quien sabe, tal vez le fuera a coger gustillo y nos sorprendería a todos preguntando cuándo sería la próxima fiesta.
 Llego tarde a casa, mis amigos esperan en el coche mientras dan vueltas para no tener que pagar al gorrilla el euro de turno. Una vez montado, nos dirigimos hacia la “espalda” de la isla donde se celebra por estas fechas las típicas fiestas de pueblos. Al llegar vemos que todo está lleno de coches que intentan, como nosotros, aparcar cerca del meollo. Ya el espectáculo me parece atroz, chavales de entre 12 a 16 años borrachos y comportándose como alcohólicos experimentados, niñas con ropas aún más pequeñas que ellas mismas llevando alcohol en vasos con dibujos de Dora la exploradora, y gente de protección civil atendiendo a más de diez niñas que no paran de vomitar en medio de la calle. 
 Mis predicciones sobre el procedimiento de fiesta de mis amigos se cumple a rajatabla cual profecía maya. Pero yo me entretengo comiendo nachos y viendo como nuestro amigo admira por primera vez la juerga nocturna. El colega que nos trajo en coche y el que teníamos que depender para regresar, hace mutis por el foro cuando lo llaman por teléfono, el resto de nosotros pasamos lo que quedaba de noche entre gente conocida, a rockeros en ambientes verbeneros y de raperos que parecían haberse comido a monologuistas.
 De vuelta al coche, éste ha desaparecido, y no fue porque lo robaran. Nosotros sabíamos dónde estaba. Nuestro colega se había enrollado con una piva, que ése era el motivo principal para que él saliera con nosotros. Decidimos esperar en un banco, hasta que se pone a llover, y es entonces cuando aparece nuestro amigo con esa típica sonrisa de: “ya he mojado el churro, ¿ustedes no?”.
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 Corriendo por parajes desérticos, pueblos poco aglomerados, para llegar al hotel y que hicieran la reserva con el nombre artístico de mi pareja, donde la recepcionista tuvo su toque gracioso creyendo que era una artista polaca. Problemas con el ordenador a la hora de grabar la música para esa noche, retraso en la hora de llegada, pero muy buen rollo y amabilidad a raudales. 

Al ir de acompañante, me entretenía haciendo fotos y hablando con el personal, que estaba casi llorando de felicidad al estar un dj que les pusiera música de verdad. Casi al final de su sesión, aparecieron unos seres blancos, con un cubo dorado en la cabeza, con cabellos blancos y tocados muy de pin up. Parecerían ratones élficos entaconados. Le escoltaron, era un cuadro excéntrico y, sin lugar a dudas, original. Me alegraba mucho de haberme perdido las fiestas de pueblo por ver aquellas carpas desde la parte de atrás, donde tantos años ya había ido, pero que jamás había disfrutado de esa forma.

 Al día siguiente, pudimos disfrutar de vientos huracanados en el hotel, de una piscina no climatizada y fría, además de un grupo de viejecitas que hacían gimnasia acuática, mientras seguían babeantes a dos monitores jóvenes y apetecibles. El snack-bar era una fábrica de juguetes, muy recomendable para niños, pero los adultos no deberían tratar de comer aquellos huevos fritos irrompibles, esas hamburguesas rancias y que eran de goma. Tranquilamente hubo una siesta eterna, para preparar el cuerpo ante el trasnoche que nos esperaba. No había tiempo para dedicarnos a nosotros, sólo para prepararlo todo e irnos. Desesperados, recorrimos callejuelas en el pueblo, buscando una tienda china, ya que la diva necesitaba material para su actuación estelar nocturna. Tras perdernos varias veces, y ver en vano que algunas tiendas cerraban, desesperanzados y ya sin fe alguna, a la salida de aquel laberinto, vimos la “Tienda China”, como si fuera el oasis en medio del desierto, sin que fuera un espejismo, era real y habían chinos reales, olores a plástico de dudosa calidad y lleno de un mundo increíble y lleno de cachibaches. Nuestra felicidad fue máxima y saltamos como adolescentes al conseguir un autógrafo de su ídolo.

 Al anocher, aquellos ratones élficos pasaron a ser luces de neón andantes, luciendo sus cuerpos varoniles, con unas plataformas que jamás en mi vida llevaré. Risas, cervezas, arte. Tocaba la hora de que él se transformara en ella, y los nervios comenzaban a verse. Pero nada más salir, ante una panda de borrachos que le insultaban, otras que eran las típicas chonis de pueblo, y otros que simplemente iban por fiesta y no entendían nada, comenzó su danza epiléptica, y su música que a los que estábamos detrás de todo aquello nos divertía y nos movía. 

 Paseos solitarios por la multitud, mientras algún desconocido se acercaba a querer pedirme una copa, algunas chicas querían sacarse una foto y entablaban conversaciones superfluas conmigo, pedir una caja de tabaco para jugar al pinball y ganarme una bandolera. En primera fila, grabando a la diva, un chico alto y de buen ver se acercó a mí y comenzó a grabar conmigo. Hizo comentarios desagradables e intentó acercarse más de lo normal, a lo que le solté, pues esa loca es mi novio. Su cara era digna de un cuadro cubista. 

 Tras seguir afianzando amistad con la gente del backstage, reírme a raudales con otros, repentinamente, alguien desnudo apareció en el escenario, paseando todo su cuerpo. A los pocos segundos, aquel muchacho, fue asaltado por una masa verde de guardia civiles, apaleado, mientras la gente tiraba cosas. Me sorprendió que como ángeles protectores, los técnicos me protegieran, al estar yo quieta de la impresión del momento. Aún así no entendí porqué había frente a mí tanta violencia gratuita, cuando el pobre chico sólo quería pasar a la historia como el nudista de las carpas,  quizás estaba pidiendo que aprobaran poner un pueblo nudista, tal y como ya hay en mi isla. 

 Luego volvió a predominar el buen rollo, la buena música y las risas con aquellas luces de neón, entre cigarro y cigarro.

 Extenuados y casi amaneciendo llegamos al hotel. Le miré brevemente antes de caer en un sueño profundo y me sentí orgullosa de él y de que, a pesar del desastre en algunas cosas, había buena conexión y en ningún momento malas caras ni discusiones. 




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lunes, 22 de julio de 2013

BOHEMIAS HISTORIAS: Realidades Moustachistas.

Con el cansancio acumulado, pienso en qué bien estaría en mi cama, pero algo dentro de mí me dice que he de salir, algo me dice que sería interesante correr aventuras y seguir conociendo gente tan sorprendente. Siempre los mismos lugares, siempre las mismas caras familiares, pero estas últimas semanas, todo diferente.

Volver a disfrutar como hacía tiempo no lo hacía, dejando esa rutina atrás, por unas horas, por unas risas, por tan buena compañía; por sus miradas, por nuestra complicidad, por esos besos cortos alcoholizados.

Pero la noche me sorprende, a medida que cada copa de vino tinto se agota, para ser renovada por otra. Y cuando ya decido parar, veo a uno de los seres que más aprecio, diferente, alegre.

Debido a mi alegría artificial, no consigo notar cambio en ella a lo largo de la noche, pero, repentinamente, la veo desatada, feliz, sociable, nocturna; y no soy yo la única que se asombra.

Sigo a mi aire, disfrutando de gente nueva, recién llegada, compartiendo impresiones, viendo un nuevo mundo a través de sus ojos. Me río ante la espontaneidad de todos, me sorprendo al empezar a querer a gente recién llegada a mi vida. El agotamiento no me vence, porque la alegría corre por mis venas.

Bigotes postizos rondan la noche, algunos en el escote, otros como cejas postizas, otros como diademas rojizas en medio de la frente, todos esos bigotes en lugares inusuales excepto en donde tiene que estar. Y es entre bigotes, donde encuentro a un chico silencioso, otro más entre el grupo, discreto, donde me hace una propuesta a la que no me puedo resistir.

Hacía ya tanto tiempo que no compartía impresiones con alguien, que me sorprendió que, de aquel ser callado y misterioso, saliera de sus labios algo que, desde que dejé de hacer lo que más me gustaba, nadie me había propuesto. Con ello, aquella noche donde en su momento quería irme a dormir para descansar, sonreí por saber que entre todas las cosas increíbles que pasaran, me dieran un poco más de luz en mi rutinaria vida.

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Llego a mitad de la fiesta, mis colegas ya habían empezado desde las diez y media de la noche. Saludo a los que puedo y me despido como puedo de los que se marchan. Ya en barra para pedir una copa, se acerca una chica que conocí hace un mes, me la presentó la novia de un amigo mío y ésta era la tercera vez que la veía. Y aunque estaba de buen ver con sus botas vaqueras, falda rosa y su blusa verde, esta chica rubia y de ojos azules estaba más allá que para acá. Su amiga, la novia de mi amigo que llevaba una copa de vino tinto, me confesó que había bebido de más, cosa que no era habitual en ella y que incluso se había sorprendido mucho al hacerlo. La chica rubia después de saludarme con bastante alegría, no paraba de pellizcarme los mofletes como si fuera mi abuela. Me dice que le gustaría tener un hijo como yo. Yo le respondo que no le conviene tener un hijo como yo, que le saldría caro y que se llevaría muchos disgustos. Ella hizo caso omiso a lo que decía, y de su bolso sacó unos papeles para que los firmara, al preguntar que eran esos papeles me dijo que era para que mi adopción fuera totalmente legal, rompiendo con todo mi pasado y familia anterior, y que esta chica rubia fuera mi nueva madre. Yo le dije que eso era imposible, que entre ella y yo teníamos un año de diferencia, que seríamos más hermanos que madre e hijo. Al negarme a firmar, su rostro cándido y dulce cambió por completo, parecía una auténtica diablesa, aterrado y temiendo por mi vida, cogí el bolígrafo que ella me ofreció y el contrato se cerró con fuego y sangre.

lunes, 8 de julio de 2013

…desciende, ángel sin corazón.

Ya no me queda tiempo. Hoy es mi quinto y último día,  ahora te miro y yaces a mi lado, has decidido quedarte hasta el final, aunque no sé si por cariño y por pena por la historia que te conté o por simple morbo de lo que ocurrirá al final del día.
 Te conocí en ese bar tan famoso en el centro de la ciudad, lo primero que me llamó la atención fue tus cabellos tan rojos como las paredes que adornan el bar, destacándote así entre la multitud de chicas a las que podría haber elegido. Estabas muy borracha y aún así escuchaste mi historia y accediste venir conmigo, no sin antes aceptar un contrato de pasar sólo una noche. Al segundo día decidiste quedarte hasta ver lo que podría pasar la noche del quinto día.
 En el tercer día decidimos no hacer nada, acostados en la cama de esta habitación rumbrienta. Te acurrucas hacia mí y me dices que mi corazón late muy aprisa. Yo te contesto que no tengo corazón, que soy un cascarón vacío carente de uno, que soy un ser que no debería de existir y que aún así existo, privado de libertad, y ahora, privado del tiempo.
 En el cuarto día nos contamos historias, verdades y mentiras. Y en medio de ellas te confieso algo, una verdad camuflada en mentira. Te cuento que de niño me encantaba volar, surcar el cielo azul y volar libre a rumbo desconocido. Pero que ahora lo aborrecía porque desde aquí arriba se veía mejor el Infierno. Tu me confiesas un relato que te pasó de niña, y que ahora te gustaría escribirlo y titularlo: “¿Dónde dices que te tocaba?”. Le digo que no me cuente más, que por el título era más que suficiente.
 Ya no me queda tiempo, es la noche del quinto día. Desde un lado de la cama te veo dormir, tus cabellos rojos te tapan ese lado de la cara que tanto te avergüenza y a la que me dejaste fotografiar. Sobre la mesita te dejo el dinero equivalente a estos cinco días. Me despido de ti. Me pregunto si desde aquí podré volar y ver el Infierno una última vez.

lunes, 1 de julio de 2013

Sábados improvisados

Noche de sábado improvisado, un cumpleaños al aire libre con tarta y demás pasteles, y girando alrededor nuestro, un pive que nos va dando vasos de plástico porque fuera del perímetro del bar no nos deja beber en cristal. Unos vinos tomados con prisa sin posibilidad de girar la copa y contemplar el fuego de la chimenea. Anécdotas de mermeladas de frambuesa kamikazes que crean un nuevo tipo de arte conceptual llamado “Arte Accidental”. Mujeres que orinan de pie al tiempo que opinan que una cesárea es un parto antinatural.
 Durante la noche suceden un millón de cosas, entre ellas una foto entre un “Fan Letal” y un millón de granos de café azules. El patio es para conspirar y elaborar planes, y por qué no…también para hacer sentadas y jugar al conejo de la suerte haciéndome revivir recuerdos amargos de colegio. A mitad de la noche a mi amiga le roban su bolso en el bar sin que nos diéramos cuenta. Salimos y vemos a tiempo quien lo tiene, mi amiga está tan indignada que a pesar de llevar puesto sus zapatos de tacón fino le da alcance al ladrón, le quita el bolso y le empieza a dar golpes con éste al ladrón hasta que llega la policía.

lunes, 17 de junio de 2013

Herencias

Nuestro compañero de trabajo cumple mañana sesenta años. El resto de compañeros y yo estamos planeando qué hacer para su cumpleaños. Pensamos en la típica tarta gigante con una chica dentro, la de colarnos en su casa y gritar sorpresa, nos estábamos quedando sin ideas hasta que llegó el compañero y nos dijo en un tono a la que no estábamos acostumbrados: “Mañana es mi cumpleaños, y lo que haré es estar en mi casa, estoy casi muerto, así que escribiré mi testamento”. Nos miramos atónitos esperando a que se riera por si era una broma, al ver que no era así y que hablaba totalmente en serio, todos saltamos que nos incluyera para heredar sus LP´s antiguos.

lunes, 10 de junio de 2013

Plañidera escarlata

Salgo de mi habitación a por hielo, paso por delante de la habitación 1408. Me doy cuenta de que tiene un agujero enorme en la puerta, miro en su interior y solo hay oscuridad. Entonces oigo lloros de mujer provenientes del interior, trato de abrir pero está cerrado, al intentar meter la mano hacia el interior del agujero, la típica vocecita que advierte del peligro se me activa y no lo hago. Los lloros cesan, y una voz proveniente de la habitación me dice que la ayude, que busque sus recuerdos esparcidos en el hotel, que a cambio ella me ayudaría con lo que estoy buscando. Le digo que paso, que hay una pelirroja esperándome en mi habitación y que se busque a otro. Y de nuevo empiezan los lloros.

lunes, 3 de junio de 2013

Muriendo por dentro: Tiempo.

Al amanecer te conocí, entraste por aquella puerta irradiando luz por todas partes, supe que eras tú, con quién pasaría el resto de mi vida.

Nada más llegar la tarde, lo nuestro era imposible, dos “mundos” diferentes, dos tiempos distintos. No se podía llegar a ninguna parte aunque lo intentáramos.

Al anochecer todo había acabado. Lo que había nacido a partir de un deseo se moría entre nuestros brazos. 

lunes, 27 de mayo de 2013

Muriendo por dentro: Canción de cuna.


Verla me hacía soñar, contemplarla me hacía sentir dichoso, sus cabellos rubios iluminaban los sórdidos sótanos de oscuridad entre tanta gente. Sus ojos azules me hacían sentir en un océano de felicidad.

El amor nunca se dio. Tan insignificante soy en tu mundo, te escondes lejos,
perdida, bajo las cloacas, si yo hubiera muerto nunca te hubieras entristecido.

Rosas muertas en tu ventana, desde ahí me observas, preferiría una mirada de odio antes que mil sonrisas forzadas, siempre fui yo a quien despreciaste. ¿Dónde está la luz? Seguramente llorando entre las sombras.

Ondina que cantabas nanas en mis oídos, dormía bajo tus pechos, despertaba en ilusiones falsas que manipulabas a tu antojo. ¿Dónde está la oscuridad? Ahí sentiré menos frío.

No más historias acerca de ella. Es tarde, demasiado tarde, el dolor se apoderará de mí, y la Muerte, afuera, buscará los pecados que cometí.

Irrisorio, invisible, ése es mi sino. Ahora, tus lágrimas no significan nada para mí, no soy lo suficiente para ti como para llorarte. No me vas a escuchar si te digo “lo siento”.

Cae la lluvia, la música del carrusel se apaga lentamente, toda luz se torna oscuridad. Los juguetes de tu habitación se van rompiendo.

A través de la niebla oigo oscuras criaturas cantando terribles canciones. El amor nunca se dio. Aquí tengo una canción de cuna para que cierres los ojos, ahora duerme, quédate solo en mi memoria amada mía. Adiós.

lunes, 20 de mayo de 2013

Muriendo por dentro: Robo del primer beso.


Gritos en el pasillo, pronuncias mi nombre. A través de la mirilla veo sombras que me reclaman. Tumbado en el suelo no hago más que contemplar la luz de la bombilla. Tu perfume llega a través de la puerta.

Usas mi corazón como un juguete. Nos escondemos en el armario a no decir verdades, haces trampa y me cuentas algunos. La gata mira con recelo, y ojos ociosos buscan encontrarnos.

Amar es algo que se te da con facilidad, yo solo pensaba en juegos y amistades. Tú me amaste y yo no me di cuenta, ¿éramos niños jugando a ser adultos?

Cielo azul, tus brazos alrededor de mi cintura, nos movemos tan rápido que no logro distinguir nada, solo tu sonrisa y el viento moviendo tu pelo como si tuviera vida propia. Entonces el ruido no me dejó escuchar algo que era muy importante para ti.

Imperceptiblemente caen las hojas, el tiempo avanza inexorable y tú sigues dándome más amor. Mientras que yo sigo jugando con barcos de papel. Siendo niños, ¿debí haberte tratado como mujer? El tiempo aún no me dejaba hacerlo.

Marioneta sin hilos, sonríe con garbo. Un olor a pastel hay en el ambiente, la mesa es para dos, y me conduces a la oscuridad de tus intimidades.

Allí me siento húmedo, incómodo, haces cosas que a mi edad no puedo comprender, ¿son mentiras lo que me estás contando ahora?, ¿verdades a medias? La oscuridad se cierne y el olor a pastel deja paso al de la carne quemada.

Restos olvidados, amores vacíos, 28 pájaros desangrándose en su nido. Una lectura inacabada, paredes de carne moviéndose de forma obscena, y el calor se hace presente.

A través de los sentidos noto tu carne sobre el mío, mis ojos se niegan a abrirse. La humedad va en aumento. Crece y crece, y no puedo aguantar más. Veo lo invisible, los olores toman forma y color. La inocencia fluye como un río, y me preguntas, si hoy la perderemos.

lunes, 13 de mayo de 2013

Muriendo por dentro: Esperándote entre el trigal.



Incluso a pesar de nuestras diferencias te acercaste a mí, nos hicimos amigos y con el tiempo dimos un paso más allá.

Tus sentimientos alegres y sonrisa eran contagiosas, contigo hacías que todo fuera más sencillo, tus cabellos rubios como el trigo eran inspiración en mi lienzo, eras mi musa en todo tu ser.

Zafio, estúpido, todo eso y más era yo que no sabía aprovechar todo el tiempo que permanecimos juntos, eras la luz de mis mañanas y la oscuridad en mis tardes.

Irremediablemente el tiempo se resbalaba entre nuestros dedos, no sabía cuanto nos quedaba, o era yo, quien se negaba a verlo.

Anochece, abro la carta que me diste, en el me dices verdades ocultas en tu corazón, entonces lo comprendo todo y te dejo marchar.

Ruido, es todo lo que oigo dentro de mi cabeza. Ella se ha ido, hace ya tres años que te fuiste, después un largo sufrimiento, tu enfermedad. Yo no te dejaba ir, te quería demasiado, ahora te espero en nuestro lugar especial, entre el trigal.

lunes, 6 de mayo de 2013

Historias bajo otra ventana


Sentado en la terraza de una cafetería esperando mi cita a ciegas (lo único que me ha revelado para reconocerla son sus cabellos rojos como el fuego), contemplo a dos críos, un niño y una niña que al oírles hablar me entero que se habían reencontrado y que hacía tiempo que no se veían, y que en el rato que les quedaba habían decidido jugar al teatro. Se meten en el patio de la casa de enfrente y se dedican a chillar como si representasen una famosa tragicomedia. Como si yo también fuese un crío, me dejo llevar por mis emociones, y cuando me dispongo a aplaudir un montón de agua moja a los chavales, era de una mujer con un cubo quien se los había tirado, gritó que dejaran de hacer ruido en su patio y se metió adentro. Los niños salieron del patio, se miraron y rieron como posesos.

lunes, 22 de abril de 2013

Historias bajo mi ventana

4:46 h. de un sábado cualquiera. En pleno sueño oigo gritos de varias personas, entonces me despierto y me asomo por la ventana. Aún con las legañas dificultándome la visión, siete chicos están moliendo a patadas a uno solo. En ese momento un chico se coloca delante a modo de escudo, el chico apalizado se levanta, y sorprendentemente me fijo que es el doble de grande que los otros siete, pero que más da tu tamaño si te están dando patadas siete bestias. Cuatro de ellos se marchan y los otros tres se quedan dando vueltas por si pueden seguir pateando. Al cabo de media hora todos se marchan, y el chico-escudo acompaña al otro hasta que llega un taxi.


5:23 h. sábado de la siguiente semana. En mi sueño oigo la voz de uno de los chicos que pateaba al grandullón, me despierto y al asomarme veo a una chica echándole la bronca a un chico porque ella era la hermana del grandullón apalizado, le dice cosas como que ella no le tiene miedo, que tiene 24 años y que dos de ellos los pasó en un reformatorio, el chico le dice que él es un hombre y que sólo pega a hombres. En ese momento llega una chica que me suena mucho, lleva una chupa de cuero, pantalones y zapatos de tacón,va zigzagueando debido a la borrachera que lleva, va acompañada de dos chicas, una con un vestido negro y la otra con una camisa muy sugerente y una falda blanca con rayas negras. Las tres chicas pasan por delante de estos dos y mediante gritos y demás improperios echan a la pareja del lugar. La chica que conozco y sus dos amigas se marchan, por fin un poco de paz. Lo que no comprendo de estas cosas es que, ¿cómo teniendo toda una calle para pararse a discutir o darse patadas, lo hagan precisamente bajo mi ventana?.