lunes, 22 de julio de 2013

BOHEMIAS HISTORIAS: Realidades Moustachistas.

Con el cansancio acumulado, pienso en qué bien estaría en mi cama, pero algo dentro de mí me dice que he de salir, algo me dice que sería interesante correr aventuras y seguir conociendo gente tan sorprendente. Siempre los mismos lugares, siempre las mismas caras familiares, pero estas últimas semanas, todo diferente.

Volver a disfrutar como hacía tiempo no lo hacía, dejando esa rutina atrás, por unas horas, por unas risas, por tan buena compañía; por sus miradas, por nuestra complicidad, por esos besos cortos alcoholizados.

Pero la noche me sorprende, a medida que cada copa de vino tinto se agota, para ser renovada por otra. Y cuando ya decido parar, veo a uno de los seres que más aprecio, diferente, alegre.

Debido a mi alegría artificial, no consigo notar cambio en ella a lo largo de la noche, pero, repentinamente, la veo desatada, feliz, sociable, nocturna; y no soy yo la única que se asombra.

Sigo a mi aire, disfrutando de gente nueva, recién llegada, compartiendo impresiones, viendo un nuevo mundo a través de sus ojos. Me río ante la espontaneidad de todos, me sorprendo al empezar a querer a gente recién llegada a mi vida. El agotamiento no me vence, porque la alegría corre por mis venas.

Bigotes postizos rondan la noche, algunos en el escote, otros como cejas postizas, otros como diademas rojizas en medio de la frente, todos esos bigotes en lugares inusuales excepto en donde tiene que estar. Y es entre bigotes, donde encuentro a un chico silencioso, otro más entre el grupo, discreto, donde me hace una propuesta a la que no me puedo resistir.

Hacía ya tanto tiempo que no compartía impresiones con alguien, que me sorprendió que, de aquel ser callado y misterioso, saliera de sus labios algo que, desde que dejé de hacer lo que más me gustaba, nadie me había propuesto. Con ello, aquella noche donde en su momento quería irme a dormir para descansar, sonreí por saber que entre todas las cosas increíbles que pasaran, me dieran un poco más de luz en mi rutinaria vida.

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Llego a mitad de la fiesta, mis colegas ya habían empezado desde las diez y media de la noche. Saludo a los que puedo y me despido como puedo de los que se marchan. Ya en barra para pedir una copa, se acerca una chica que conocí hace un mes, me la presentó la novia de un amigo mío y ésta era la tercera vez que la veía. Y aunque estaba de buen ver con sus botas vaqueras, falda rosa y su blusa verde, esta chica rubia y de ojos azules estaba más allá que para acá. Su amiga, la novia de mi amigo que llevaba una copa de vino tinto, me confesó que había bebido de más, cosa que no era habitual en ella y que incluso se había sorprendido mucho al hacerlo. La chica rubia después de saludarme con bastante alegría, no paraba de pellizcarme los mofletes como si fuera mi abuela. Me dice que le gustaría tener un hijo como yo. Yo le respondo que no le conviene tener un hijo como yo, que le saldría caro y que se llevaría muchos disgustos. Ella hizo caso omiso a lo que decía, y de su bolso sacó unos papeles para que los firmara, al preguntar que eran esos papeles me dijo que era para que mi adopción fuera totalmente legal, rompiendo con todo mi pasado y familia anterior, y que esta chica rubia fuera mi nueva madre. Yo le dije que eso era imposible, que entre ella y yo teníamos un año de diferencia, que seríamos más hermanos que madre e hijo. Al negarme a firmar, su rostro cándido y dulce cambió por completo, parecía una auténtica diablesa, aterrado y temiendo por mi vida, cogí el bolígrafo que ella me ofreció y el contrato se cerró con fuego y sangre.

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